La forma perfecta de ver Toy Story

En España estamos a menos de dos semanas de que se estrene la nueva peli de Pixar; Del revés (17 de julio), lo que hace recordarme otras cintas del famoso estudio de animación. Me encanta Pixar, es de mis estudios favoritos, y ya no solo dentro del ámbito de la animación. Me mola tanto que de hecho hice en su día un artículo en La piedra de Sísifo contando una interesante teoría que la gente de internet ha ido fabricando acerca de cómo todas sus pelis están conectadas entre sí.

Toy_StoryPero hoy quiero centrarme en solo unas cintas en particular del estudio. Precisamente la que lo originó todo. La saga que seguramente más beneficio y reconocimiento mundial les ha dado. Hablo de Toy Story. La estupenda historia de los juguetes que poseen vida propia. Toy Story me ha marcado mucho en mi vida. Empezando porque es de las primeras películas de animación que recuerdo (aunque creo que la primera que vi fue Bichos). Siguiendo con que la idea que propone, que los juguetes están vivos y sienten, era algo que de pequeño me fascinó muchísimo. Tanto que así lo creía. Y miraba mis juguetes y los consideraba seres vivos, no cosas inertes. Y claro, fantaseaba con que ellos vivían aventuras cuando yo no miraba.

Toy Story es una completa maravilla. Bueno, casi todo lo que salga de las manos de Pixar es una obra de arte. Siempre que pienso en el futuro, y en si algún día tendré hijos, una de las cosas que más me emocionan, es imaginarme enseñándoles las películas del estudio. Películas con las que yo, y tantos otros, hemos crecido. Y que por mucho tiempo que pase, siempre serán preciosas. No hace falta que diga por lo que Pixar es grande. Todos lo sabemos. Son capaces de crear historias que entiendan los niños, con las que estos puedan disfrutar, pero al mismo tiempo alcanzar a los adultos y mandar un mensaje muy potente.

En fin, vuelvo a Toy Story. Con el tiempo, he ido pensando que hay un forma especial de ver las películas de la saga (tres hasta el momento). Una forma perfecta de verlas todas. Si nos fijamos en la historia, vemos que en todas hay un común denominador. Algo que lo une todo. Un personaje. Me estoy refiriendo a Andy, el dueño de los juguetes. El niño de la primera. El universitario de la tercera. Vale, Andy siempre ha sido una excusa para enseñarnos el mundo de los juguetes. Realmente tampoco es tan importante. En la tercera entrega sus apariciones son solo al principio y al final. En las dos primeras tenía algo más de presencia. Y los juguetes siempre desean volver con él, o sus pensamientos están puestos en él. Hasta ahí todos de acuerdo.

Si nos fijamos en Andy como figura que hila las películas, como ese personaje que ancla la historia, nos daremos cuenta, por lo tanto, de su verdadera posición dentro del universo de Toy Story. Andy somos nosotros. Andy es un reflejo de nosotros. Un reflejo de nuestro “yo” niño. O nuestro “yo” joven adulto. O, directamente, si coincide, nuestro “yo” presente. El caso es este: Andy siempre ha funcionado como representación del espíritu del espectador. Es el personaje por el cual nosotros podemos entrar en la película y entender qué pasa. Sí, Woody y Buzz son los protas y toda su pandilla, pero Andy es el espejo directo de la persona que observa. Andy es, hablando claro, nuestra toma de contacto. Nuestro guía emocional.

andy and woodyEstá claro que cada película de la saga ha sido siempre un poco más madura que su predecesora, llegando al climax con la tercera entrega. Andy es ya un joven que no necesita juguetes en su vida. Pronto se marchará a la universidad y hace tiempo que dejó atrás a esos monigotes. Pero, en el fondo, como es obvio, todavía siente cariño por ellos. Esto es clave, porque, todos hemos pasado por eso. Todos hemos sido ese chico, el cual un día, por casualidad, acaba con uno de sus viejos juguetes en la mano, y recuerda, con cariño, las tardes y mañanas que tan bien se lo pasó recreando fantásticas aventuras con él.

Así que, ¿a qué viene toda esta chapa? ¿Qué quiero decir con todo esto? Bueno, lo que quiero decir, es que creo que Toy Story se disfruta más si se ve con un cierto orden en el tiempo y con una cierta edad. No digo que si eres un adulto de 30 años no disfrutes las películas. Tampoco digo que si eres un niño de 10 años, no lo vayas a pasar genial. Pero estaréis de acuerdo que el adulto las sentirá algo más lejanas, y el niño se quedará un poco rezagado, sobre todo, con el mensaje final de Toy Story 3. Es decir, las cintas al final tratan de una etapa concreta de la vida de Andy. La primera y segunda siendo un niño feliz, y la tercera, siendo un joven que va a olvidarse muy pronto de sus juguetes. Pixar, en ese sentido, jugó muy bien sus papeletas. Podría haber hecho que Andy siempre fuese un niño, pero decidió que creciese con nosotros, con los espectadores, y que los años que pasaron entre el estreno de la segunda y la tercera película, pasasen también dentro de ese universo.

Así que mi planteamiento final es el siguiente. La forma perfecta de ver Toy Story es siguiendo a la par, como espectadores, las edades de Andy. Pero claro, eso es imposible para muchos. A mí por suerte me pilló muy cerca. Yo soy un poco más pequeño que Andy. La primera y la segunda las debí de ver con 6, 7 u 8 años. Y muchas otras veces después siendo más mayor, ya adolescente (lo que me facilitó entender mejor los mensajes más maduros que dejaban las películas). Para cuando llegó Toy Story 3 en 2010 yo tenía casi 17 años. Casi los mismo que Andy en la película. Me pasaba lo mismo que a él. Estaba en esa misma etapa. Los juguetes eran tan solo un recuerdo de un tiempo pasado. Y el final de Toy Story 3, (ojo, spoilers del final), cuando Andy regala sus juguetes a la pequeña Bonnie, resulta tan desgarrador. Tan emotivo. Por que empatizas por completo con Andy, eres él. Eres ese chico que sabe que nunca más va a jugar con juguetes de la misma forma. Eres ese chico que se está despidiendo, de alguna forma, de su infancia para siempre. Estás diciendo adiós, como Andy, a una etapa que jamás volverás a vivir. Quizá la etapa más tierna y preciosa de la vida. Y lo sientes… Lo sientes tan adentro… Pero ya ha pasado. Y tienes que aceptarlo.

So long, partnerEsa creo que es la forma perfecta de ver Toy Story. Porque entenderás mejor que nadie su historia, su mensaje. Entrarás de lleno dentro de sus emociones. Suena a locura, pero de verdad lo creo. Y puede, solo puede, que si algún día tengo hijos, estas tres películas se las deje ver únicamente de esta forma la primera vez. Es absurdo que, estando las tres al alcance de la mano, decida espaciar su visionado en el tiempo tal y como se estrenaron en su día… pero, los locos estamos locos, y no tenemos remedio.

Aunque claro… Pixar quiere hacer Toy Story 4. Y tengo miedo. Porque dudo que Andy vuelva. Dudo que hagan algo tan magistral como el final de la tercera. Y de ahí, finalmente, solo pueden salir dos cosas: la mayor maravilla del mundo, o la peor idea que jamás hayan tenido.

Ojalá sea lo primero.

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