Estático / Relato

Golconda - MagritteMirad, estoy quieto, ¿vale? El mundo parece estarlo conmigo en este preciso instante. Lo que quiero deciros, es que a veces es así. A veces hay que detenerlo todo un segundo. ¡Qué digo un segundo…! Mejor varios minutos. La aguja de mi tocadiscos imaginario está jugando a mi juego favorito. Nada de música. Y por favor, si vais a poner algo, que sea algo lento. Os lo digo en serio, paradlo todo. Paradlo hasta convertir vuestro mundo en una fotografía. Sí, en una fotografía. Si no sabéis de qué hablo es porque nunca os habéis parado a respirar ni a escuchar vuestras propias pulsaciones.

Uno… Dos… Tres… Respirad. Con los ojos cerrados podréis sentirlo mucho más. Mirad, no sé mucho de la vida y tampoco pretendo enseñaros nada a vosotros, que me miráis con esos ojos tan grandes y acusadores, pero quiero que os relajéis. Si no lo hacéis o no tenéis ningún interés en hacerlo ya podéis volver por donde habéis venido. Vale… Muy bien. Seguís aquí.

Hace tiempo conocí en el desierto a la luna. Ella, tan grande y tan reluciente en la noche, me salvó. Me enamoré irremediablemente de aquel cuerpo celeste suspendido en la oscuridad y rodeado de tantos polvos de azúcar, que se encendían y se apagaban como faros en la costa. Se encendían y se apagaban… Hace tiempo también conocí en la playa a la lluvia. Ella, tan clara y audible y refrescante, me salvó. Me enamoré igualmente, cómo no, de su tacto sobre mi piel y su fútil descenso desde los cielos. Y ya fueron dos mis amantes. Por último, hace tiempo, mucho tiempo ya, conocí sobre mi propia cama a la quietud. Hallándome yo tendido, boca abajo y con un brazo medio dormido. Respiraba, igual que respiro ahora. Con los párpados a medio camino entre el abrir, y el cerrar. Algo noté, en aquel instante, que me llenó por dentro. Algo imposible de transmitir con simples y vacuas palabras. Pero lo supe… supe que me había vuelto a enamorar. Esa vez, más que nunca. Esa vez, de la tranquilidad y el sosiego, de aquella pequeña complicidad desdichada que a uno le entra cuando sabe que está solo, apunto de caer en el cálido abrazo del sueño.

Y largo tiempo ha pasado desde aquello, sí, ya lo creo. Lo más glorioso, sin embargo, ocurrió hace no tanto. Una noche, mis tres amantes se juntaron y me elevaron hacia el mismísimo Nirvana. Tumbado en la playa, con aquellos pequeños granitos de arena rodeándome tal y como si volviese a estar en el desierto, observaba yo a mi querida luna. Ella me devolvía la mirada, y me hacía sentir diminuto y frágil. Entonces, mientras hundía mis pies desnudos en la arena y notaba su tacto amoroso sobre mi blanda piel, la lluvia, sin pedir permiso, comenzó a caer desde lo alto, y la quietud, de pronto, llegó a mí. Y entendí que estamos aquí para nada. Sí. Es así. Nos convencemos y nos repetimos una y otra vez que somos importantes. «Voy a hacer de mí alguien de provecho. Voy a sacarle el máximo jugo posible a la vida y luego me iré al otro lado habiendo dejado una marca en este mundo». Tonterías. No hay nada importante ni nada imperecedero. Todo y todos caeremos en el olvido. Qué más da.

Y sí, ya sé que ahora algunos desearíais poder golpearme y gritarme, y hacerme ver que estoy equivocado. Sé que esto os cabrea, que mis palabras os traducen una ira incómoda en vuestro corazón. Pero también sé, que así es, porque en el fondo, vosotros comprendéis que lo que digo es cierto. Y así va la vida. Así corren las horas. Yo no quiero mentirme. Vosotros podéis seguir haciéndolo. Me da igual cumplir sueños y dejar un rastro tras de mí. No soy nadie. Quizá deba seguir siendo así. Sin embargo, habéis venido hasta aquí. Hasta mí. Y aquí estáis todavía, mirándome. Y siento cierta presión en mi garganta, no lo negaré. ¿Sabéis? Es posible que aquello que sentí, rodeado de mis tres amantes, aquella noche, hubiese sido un fraude. Sí, lo más posible es que fuese eso. Aquello… como he dicho, ocurrió hace un tiempo.

Es más, ¿y si os dijese… y si os dijese que todo esto es una mentira? En fin… Sí, me refiero a toda esta locura que estoy soltando. Lo cierto es que no tiene mucho sentido, ¿verdad? ¿Y si os dijese que me lo he inventado todo, lo de mis tres amantes y mi elevación hacia el Nirvana? Ya… Lo sé. Lo siento. Pero, así es. Ha sido todo una invención. El caso, amigos míos… ¿Puedo consideraros mis amigos? El caso, es que ha funcionado. Porque durante estos pocos pero valiosos minutos, habéis conseguido desconectar. Habéis olvidado vuestro más profundo ser, habéis olvidado que queréis ser grandes personajes que dejen una huella en un mundo cada día más plagado de huellas. Bueno… Quizá he conseguido, aún por poco tiempo, que vuestro mundo se convirtiera en una fotografía. Ya es hora de que me calle. He hablado suficiente. Solo… Solo recordad esto de vez en cuando, ¿vale? Recordad que podéis frenarlo todo unos minutos, siempre hay tiempo para hacerlo. Recordad que… En fin… Ya sabéis. No hay que tomarse la vida muy en serio. Nos olvidarán. Me olvidaréis…

© Daniel González Pérez
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