Verano con Mad Men

Mad MenEste año ha sido el último para la serie de televisión Mad Men. Tras siete temporadas en antena, la ficción de AMC se despidió el pasado mes de mayo de todos con su último capítulo. Sin embargo, yo todavía estoy lejos de verlo (aunque cada vez menos). Me pasó algo muy curioso con Mad Men, os lo contaré; hace dos años, si no recuerdo mal, en el verano de 2013, comencé a verla. Era una serie con muy buena crítica y de alto reconocimiento, así que me animé a ello. En eso estuve hasta llegar a la recta final de la segunda temporada, precisamente me quedé en La yet set (2×11). Y… hasta ahí. No recuerdo por qué ni qué hizo que dejase de verla, pero la dejé.

Esto de dejar series a medias no me es novedad. A veces me ocurre. A todos os habrá pasado. No es que quieras dejarla, pero algo pasa en tu cabeza para que la dejes aparcada (ojo, aparcada). Me sucedió lo mismo, hará también un verano, con A dos metros bajo tierra. Con ella tuve igualmente un visionado regular. Primero me vi dos temporadas, luego llegué hasta la mitad de la cuarta, y más tarde, casi un año después, conseguí terminarla. Pero a pesar de eso, oye, ahora es de mis series favoritas.

Mad Men, voy a admitirlo, es una serie cruda de ver. Sobre todo al principio. Cuando entras en su juego, es un goce. Pero hasta entonces, cuidado que vienen curvas. Ocurre algo muy interesante con Mad Men, y es que es de las pocas series que he visto en toda mi vida donde no hay ningún personaje creado para tocar al espectador. Me explico. En muchas otras series, siempre, siempre, encontrarás un personaje o varios con los que te identifiques muy deprisa. Son un nexo directo para con el público. Son un enganche para tener una audiencia fiel. Si encuentras empatía por un personaje, querrás ver qué le va pasando y querrás seguir su pista. Estarás enganchado, sencillamente. Mad Men no busca nada de eso. No busca complacer al público con un personaje entrañable, buena persona, o similar. Mad Men va a su rollo.

De primeras esto es así. Llegas, ves a unos cuantos tipos que fuman y beben y hacen sus negocios, en una sociedad machista, ves a unas cuantas mujeres florero, ves a otras que intentan ganarse su sitio… y poco más. Humo, humo por todos lados y bebidas con alcohol. Mad Men no es para todos. Al principio a mí me costó bastante pillarle el punto. Tanto que no se lo he cogido hasta ahora, de la tercera temporada en adelante. Pero si sabes aparcar a un lado esa búsqueda de empatía con los personajes, Mad Men puede ofrecerte mucho. Es decir, al fin y al cabo es una serie sobre personajes muy interesantes. Desde el propio Don Draper, tan atormentado, hasta la peleona e incansable Peggy, pasando por multitud de matices en muchos otros hombres de la agencia de publicistas e incluso mujeres que reafirman su posición en la sociedad.

Mad Men (cast)

Así que aquí ando. Viendo de nuevo la serie, porque la he retomado este verano. Y es que para mí Mad Men respira aire de verano. No sé… la noto una serie de verano (casi siempre se emitió en temporadas cálidas). Me he puesto este mes de julio y ya he visto la temporada tres y cuatro. Con capítulos tan brillantes como Meter la pata en un agencia (3×06) y el delirante momento del cortacésped, ese sutil juego de identidades que se ve en La gitana y el vagabundo (3×11), la fluidez vibrante de Cierra la puerta, siéntate (3×13), la soledad interior de Don en La buena noticia (4×03), y la brillante dirección y actuación de La maleta (4×07) y El hombre del verano (4×08), dos de mis capítulos preferidos de toda la serie que se saca frases como esta: «Las personas nos dicen como son, pero lo ignoramos porque queremos que sean como nos gustaría que fueran».

Si hay algo que me gusta y me asombra por igual de Mad Men, además de lo ya mencionado antes sobre sus personajes, es la perfección de sus guiones. Con el trabajo de Mattew Weiner a la cabeza, siempre encontramos tramas interesantes que nos mantienen pegados a la serie. A pesar de que algunos de sus personajes son crueles, son egoístas, mezquinos, ariscos, infieles, prepotentes, o irritantes, hay una magia especial en observar su mundo y cómo este va variando durante aquella época turbulenta de cambios que fueron los años 60 para los hombres de Madison Aveneu, los Mad Men.

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