Frustraciones videojueguiles (II)

Frustraciones videojueguiles (II)

Vuelvo una vez más con una entrada de la sección “Frustraciones videojueguiles”, la cual comencé el mes pasado contando mi tragedia con Majora´s Mask, si recordáis. En esta ocasión traigo un juego totalmente opuesto al de la saga de Nintendo, pero de nuevo, se trata de un juego que marcó historia dentro de la industria y que es recordado por muchísimos jugadores.

Y es que es ni más ni menos que uno de los mejores juegos de la pasada generación (y quizá el que es mi favorito de la misma. Por no decir que me parece el mejor videojuego firmado por Rockstar Games, que no es decir poco). Estoy hablando, por supuesto, del magistral Red Dead Redemption. Sin más dilaciones, ¡empezamos con esta nueva frustración!


El día que borré a John Marston de mi vida

«Acepta perderlo todo».

Jack Kerouac

Surgen a veces, en el mundo de los videojuegos, joyas imprescindibles que dejan huella para la posteridad. Raras son las ocasiones en las que estas obras salen a la luz y más raras son aún las circunstancias por las que un videojuego te marca de por vida, más allá de la propia diversión básica a la que se dedica de raíz este medio. Juegos que demuestran que, por mucho que algunos todavía miren hacia otro lado, este entretenimiento audiovisual debería ser considerado arte, pues razones no le faltan.

Red Dead Redemption quizá sea el mejor ejemplo de esto. La mejor muestra de cómo elevar la fórmula de videojuego a la experiencia más intensa que se haya probado hasta la fecha. Y es todo un logro que siga manteniéndose como el referente un juego que este mismo año acaba de cumplir su quinto aniversario desde que se estrenó en el mercado. Claro, de todas formas, esta es solo mi opinión. Y mi historia con él… Todavía recuerdo aquel 21 de mayo de 2010 con una claridad que me abruma. Rockstar Games, la compañía desarrolladora del videojuego (ampliamente conocida por su saga GTA), llevaba largo tiempo mostrando material de su nuevo videojuego; una obra de corte al más puro estilo clásico western que iba a ser salvajemente enorme y épica, y aquel 21 de mayo, por fin, ¡por fin salía a la venta!

Red Dead Redemption Art
John Marston, el protagonista de Red Dead Redemption.

Mi expectación por este juego era tremenda. No niego que Rockstar es de mis compañías favoritas por lo bien que saben hacer sus videojuegos; repletos de detalles, inmensa libertad, e historias maduras hiladas con una sublime jugabilidad. Allí estaba yo, en la tienda listo para recoger mi videojuego reservado; una edición especial de día de salida que traía tres detallitos tontos para el juego y una caja física un poco más especial que las normales. Recuerdo aquellas dos semanas intensas de juego como una de las mejores y más vastas experiencias que he tenido nunca con un mando entre las manos. Este juego era lo mejor que yo había tenido el placer de jugar en la vida. No bromeo. Tengo grandes juegos favoritos como Ocarina of Time, pero Red Dead Redemption era la cúspide de la montaña cuando salió. Era la perfección en todos sus apartados, y era insuperable.

Rápidamente se convirtió en uno de mis juegos predilectos, y juro que pocas veces me he sentido tan dentro de un juego como con este. Estaba tan metido, tan lleno de sensaciones; rabioso, colérico, triste, melancólico… Nunca el final de un videojuego me ha dejado tan dolorosamente tocado como el de este. Lo digo en serio. Y es que es difícil no enamorarse de Red Dead Redemption. No solo yo, su comunidad ha demostrado a lo largo de los años la grandeza del título. Imposible no amar sus canciones (sin olvidar esa colosal banda sonora), su apartado visual, tan rico y vivo, sus personajes, sus caballos tan bien recreados… Es tan fácil dejarse llevar y frenar tus pasos un minuto para contemplar las vistas del mundo del Salvaje oeste. De hecho, ha marcado tanto, que por internet encontramos todo tipo de cosas sobre el juego. Excelentes dibujos, o aún más, asombrosos ejemplos de lo mucho que caló este juego en el mundo como es el hecho de que exista este cortometraje (creado por españoles, por cierto).

Imagino, si no habéis tenido el placer de jugar esta joya, que os empezáis a hacer una idea de lo mucho que me gusta y lo importante que fue para mí Red Dead Redemption. Lo juegué tantísimo… De arriba a abajo; exploré el mundo hasta el más mínimo rincón e intenté conseguir el 100% de porcentaje completado de juego. No sabría calcular las horas de diversión que me ofreció. Estaba tan enganchado que incluso decidí jugar una partida nueva desde cero. Los juegos suelen ofrecer varias ranuras de guardado por si quieres jugar diferentes partidas o, directamente, por si hay más jugadores que quieran jugar sus propias partidas, así todos pueden disfrutar de su propio viaje.

Ocaso

El caso era el siguiente: Yo con dos partidas de Red Dead Redemption. Digamos que la primera era mi partida original, en la que había visto todo lo posible e intentaba conseguir mi 100% (llegando a tener si no recuerdo mal, cerca del 97% completado), y también mi partida secundaria. Esta era una nueva partida nacida de mi ansia por volver a disfrutar de la historia del juego desde cero, y de hacer un poco el cafre sin tener en cuenta el bien o el mal que hacía con mi protagonista; John Marston. El tema es que, cuando guardas la partida (lo haces para que no se pierdan tus progresos y avances), el juego abre un menú con las ranuras de guardado y entonces puedes sobreescribir los datos para tenerlo todo bien asegurado de que no se pierda nada. El detalle, si mal no recuerdo, es que el menú para esto en Red Dead Redemption te ponía directamente encima de tu primera partida, y si querías guardar en otra (la segunda en mi caso), tenías que bajar con el mando y pulsar la correcta. Si no, podías cometer un enorme y grave error, sobreescribiendo una partida encima de otra y borrando así la original de la memoria del disco duro.

Inútil yo, un día jugando en mi segunda partida, decido guardar. Un acto que llevaba a cabo muchas veces y con mucha rapidez por la costumbre. El caso es que aquel día, aquel fatídico día, mi estúpido cerebro no pensó con claridad… Decido guardar. Se abre el menú. Aparecen las dos partidas guardadas; la original, y la secundaria. El mando tiene seleccionada la primera de forma predeterminada. Debí bajar a la segunda, pero era y soy un idiota. Pulso OK, sin pararme realmente a pensar en dónde estoy guardando. Aparece futilmente el típico aviso de; «¿Estás seguro de que deseas sobreescribir esta partida?» Podría haber retrocedido. Aún podría haber retrocedido… Pero… No… Demasiado tarde. La maldita costumbre. Pulso OK una última vez. «¡NOO!» Enseguida llega mi arrepentimiento. «¡¿Pero qué he hecho?! ¡Joder, no! ¡Acabo de borrar a John Marston, a mi John Marston original! Lo acabo de borrar de mi vida…» Y se acabó. Adiós a mi intento de obtener el 100% del juego. Acababa de esfumar mi partida original. Por mi estúpida rapidez, por mi estúpida falta de atención… Desde aquel negro día, siempre hago dos copias de guardado de mi partida original, esté en el juego que esté. Nunca más. Nunca más.

Frustración número dos, y seguimos contando…

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