Mis manías de escritor

Mis manías de escritor

Cualquier persona que haya dedicado parte de su tiempo a la apasionante tarea de escribir, se habrá percatado, poco a poco, de que existen algunas manías, tics, o costumbres habituales que vamos repitiendo durante el proceso, a veces casi de forma automática. Y es normal. Los humanos somos raros. A todos nos gusta que las cosas estén en su justo lugar cuando llega la hora de sentarse a escribir, ¿verdad?

Famosos son los artículos por internet que recopilan esas manías de los grandes escritores de la historia. Y este bien podría ser otro de esos artículos, pero voy a ser un poco egocéntrico, y, como este blog trata de mí y mis pensamientos, hoy os contaré mis manías a la hora de escribir. Me abro pues a vosotros y os cuento qué clases de cosas hago y cómo me inspiro para poder sentirme cómodo. Allá voy, ¡¿vergüenza, quién te necesita…?!

Música1. Música, por favor

La música es algo esencial para mí a la hora de escribir. Hay escritores que necesitan absoluto silencio para concentrarse. Ni siquiera pueden oír el volar de una mosca porque entonces no avanzan. Yo necesito música. Me es inevitable. He cogido la costumbre y ahora no puedo escribir sin ella. La música me guía, me inspira, me llena y me da fuerzas para encontrar las palabras exactas o el ritmo apropiado.

Normalmente, antes de ponerme a escribir, comienzo a seleccionar canciones que quiero escuchar o que son acorde al tema que trataré (la mayoría de veces es música muy tranquila, aunque si escribo escenas de acción me gusta escuchar algo que acompañe y me contagie la euforia), y hago así una lista de reproducción larga que irá sonando durante la sesión de escritura. Si mientras estoy escribiendo se acaban las canciones, para no interrumpirme mucho, vuelvo a ponerla desde el principio. Otras veces sencillamente me apetece escuchar un grupo en concreto y me pongo un disco que me guste mucho o todas sus canciones favoritas. Lo importante es que la música me esté acompañando todo el rato (¡la escucho con cascos, por cierto!), cuando noto su ausencia, empiezo a frenarme y me siento oxidado…

2. Hogar dulce hogar

Esto posiblemente me sea perjudicial a la larga, pero es otro hábito que he asumido con el tiempo sin darme cuenta; solo escribo en casa. Nunca en otro sitio que no sea mi casa. Si lo piensas, es una putada… Pero es así. Por un lado, escribo en mi ordenador portátil. detalle que es totalmente inverso a este punto porque, si es portátil, bien podría llevármelo por ahí y escribir donde fuese, pero no. Otro curiosidad es que (sobre todo mientra escribía mi última novela) casi siempre escribo en mi cama. Me siento en ella y apoyo la espalda en la pared, el portátil sobre las piernas, y listo. Si coincide, a veces escribo también en el sofá de la sala de estar, pero mucho menos que en mi habitación y ahí cuando pasa un rato me canso enseguida. Antes tenía un escritorio donde poder escribir también, pero lo fui abandonando, no sé por qué… Y por cierto, tengo que estar solo, solo por completo. Como haya alguien a mi lado o alguien que pasa momentáneamente, no escribo.

3. Las horas no importan

Hay escritores que se ponen horarios. Deciden que desde las diez de la mañana hasta la una estarán escribiendo, por ejemplo. Otros que lo harán de madrugada. Otros solo durante la tarde. Hay horarios y rutinas que asustan solo de imaginárselos. Yo, en cambio, no tengo horarios. Al principio amaba la noche para escribir. Casi siempre solía escribir de noche. Pero tuve que moldearme a otras obligaciones y, claro, no puedo pasarme la noche entera dale que te dale si al día siguiente voy a ir a clase como un zombie.

Horas

Ahora mi horario es muy alterno. Está regido más bien por: «Cuando me apetezca me pongo». Es cuando sienta las ganas. He notado que, en realidad, hay varias horas que se repiten. Lo más frecuente es por la mañana, cerca del mediodía. También en las horas posteriores a la comida, de entre tres de la tarde a cinco o seis. Hay horas que en realidad creo que nunca toco; las siete de la tarde, o las ocho, o nueve, o diez de la noche. A partir de ahí, las que quedan de la noche y la madrugada, son factibles. Dependiendo de si puedo trasnochar.. No es la primera vez que empiezo a las once de la noche y estoy hasta las tres, cuatro o cinco de la madrugada. ¡El caso es querer escribir!

4. Fines de semana

Otro factor que he notado que repito mucho. El fin de semana es mi tiempo de escritura. Al menos cuando escribo una novela. Si es un relato, un artículo para el blog, o derivados, cosas pequeñitas, puede ser cuando me coincida. No obstante, si estoy enfrascado en una novela, me gusta escribir cada fin de semana (a poder ser sin saltarme ninguno, sobre todo para mantener ritmo). Por la semana me noto más tenso y no estoy tan suelto. Lo que suelo hacer con constancia es escribir un capítulo (o más si estoy muy inspirado) cada fin de semana, y dedicar los días de la semana a la revisión de lo escrito o a pensar si todo va bien con el libro. Vamos, que la semana es para reflexionar y corregir, y el fin de semana para escribir sin preocupaciones.

5. Internet, ¡cómo te quiero!

Estamos en la era de internet, internet es nuestro amigo para todo. Bien, pues sí y no. Internet puede ser nuestro enemigo. Se puede convertir en nuestra distracción continua. Cuando voy a escribir, y me pongo mi música y abro el archivo en el ordenador, me siento y me acomodo en la cama y todo eso, otra cosa que hago es abrir internet. Más bien, abrir Google. Solo eso. Nada de redes sociales, Facebook, Twitter, ni páginas webs de nada de nada… Cero. Lo único que abro es Google. De ahí abro una nueva pestaña a parte con el diccionario para poder consultar en cuanto necesite palabras o sinónimos si estoy algo espeso. La pestaña de Google la reservo por si me entra alguna duda muy específica de pronto. Cosas como por ejemplo: «¡Oh! ¿Cuánta sangre puede perder alguien antes de morirse?» «¿La pizza cuanto tiempo tiene que estar en el horno para quemarse?» No sé, un montón de chorraditas de esas. Chorraditas que son importantes si quieres mantener la coherencia y que luego nadie diga: «¿Pero qué coño? Este tipo no tiene idea de nada». En la importancia de los detalles reside la calidad. Repetid conmigo; Google es nuestro amigo.

6. ¿Móvil?, ¿qué es eso?

No móvilEsta tiene cierta relación con la anterior. Al igual que internet no lo uso más que para consultas y no quiero distraerme con él, con el móvil pasa lo mismo. Antes de empezar a escribir, miro lo que tenga que mirar en el móvil (si tengo algo), y ya está. Lo poso sobre una mesa o lo que sea y no lo vuelvo a tocar hasta que termino. Si vibra no le hago caso (de hecho, a veces con la música ni siquiera me entero). Y si me llaman… ya puede ser por algo verdaderamente importante, o correrán ríos de sangre.

7. Si tengo sueño, apaga y vámonos…

No me extrañaría que haya escritores que, aún cayéndose de sueño, se obliguen a seguir escribiendo. De hecho, no estoy seguro ahora mismo, pero creo que en algún sitio leí hace tiempo que había un escritor famoso que experimentaba obligándose a escribir con mucha falta de horas de sueño porque así obtenía mejores resultados. Mirad, yo lo que sé es que, si tengo sueño, voy a dormir. Mi mente con sueño no trabaja y, lo que es peor, con mucho sueño puedo llegar a cabrearme yo solo conmigo mismo. No voy a sacar nada bueno si se me cierran los párpados cada cinco segundos. Nada mejor que caer en los brazos de Morfeo para despertarse con fuerzas renovadas.

8. Las novelas, de una en una

Seguro que hay muchos escritores que pueden desarrollar varias grandes ideas al mismo tiempo y escribir dos o más novelas simultáneamente. Lo siento, pero mi cabeza no da para tanto. Puedo compaginar la escritura de una novela con varios relatos, por ejemplo. Pero ni por asomo se me ocurre trabajar en dos novelas al mismo tiempo. Se me obstruirían los pensamientos y terminaría mezclando las historias. Así que esta es una norma que me he autoimpuesto; las novelas, de una en una.  Despacio, pero constante.


Y ya está, esas son algunas de las costumbres y manías más destacables que he ido adquiriendo con el paso del tiempo. ¿Vosotros también tenéis? No os cortéis y contádmelas en los comentarios. Seguro que compartimos algunas o incluso podéis ser aún más raros que yo.

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