Frustraciones videojueguiles (III)

Frustraciones videojueguiles (III)

Aquí estoy de nuevo con la sección; “Frustraciones videojueguiles”, y vamos ya por la tercera. La de hoy es una muy especial por el título en cuestión, un juego de culto que ascendió al olimpo desde su salida allá por el año 2006 en Europa y que cualquiera que ama este mundillo ha jugado alguna vez u oído hablar de su portento. Por supuesto, hablo del maravilloso Shadows of the Colossus, una de las obras más queridas y recordadas del amplio y generoso catálogo de la PlayStation 2. Y yo, poseo mi historia y mi frustración personal con esta pieza… Voy a contárosla.


Mi nefasto viaje en Shadows of the Colossus

nefasto, ta.
(Del lat. nefastus).
1. adj. Dicho de un día o de cualquier otra división del tiempo: Triste, funesto, ominoso.

Para cualquiera de los que lean esto y no sean jugadores, no voy a pretender que entendáis lo grande que es Shadows of the Colossus. Es algo que hay que vivir, que hay que sentir… Quizá lo más acertado es decir que el título en cuestión es una obra de culto como lo puede ser El club de la lucha para el mundo del cine, o Los Soprano para la televisión. Un bestial proyecto que hizo historia, un videojuego tan ambicioso que exprimió todo el potencial gráfico que le permitía una máquina como la PlayStation 2 y que se llevó a crítica y público a su terreno.

Luz y sombrasPocas veces un juego me ha hecho estremecerme tanto y ponerme la piel de gallina como cuando me elevé por primera vez en la chepa de un coloso y una perfecta sinfonía me envolvió en el fervor de la batalla. Y pocas veces el diseño artístico de un juego me ha parecido tan tremendamente hermoso. Mi primer contacto con el videojuego de la desarrolladora Team ICO fue hace mucho tiempo, en una etapa de mi prematura adolescencia en la que mi mente infantil no era capaz de discernir por completo la calidad de los verdaderos buenos juegos. En aquellos años en los que alquilaba videojuegos en el videoclub de mi ciudad casi cada viernes, Shadows of the Colossus fue a parar a mis manos como otro cualquiera. Uno más. Al llegar a casa introduje el CD en la consola y me dispuse a disfrutar del fin de semana como otras veces.

Pero algo sucedió. Este juego era diferente al resto. Esta obra no estaba hecha para mi mente infantil. Algo se escapaba a mi entendimiento. ¿Un vídeo introductorio largo sin palabras y solo con imágenes? ¿Qué era eso? ¡Yo quería jugar…! Tras varios minutos, un propósito; derrotar a 16 colosos. Vale. Empezaba a enterarme de algo. La historia era muy superficial y estaba plagada de detallitos y sutilezas. Me enteré pues, de que al parecer el protagonista acude a un antiguo templo y desea revivir a una muchacha muerta (¿Su amada? ¿Su hermana?). Una voz pesada cuenta que para recuperarla, debemos buscar a los colosos y vencerlos en un temerario y épico encuentro. Para ello, solo contamos con la ayuda de nuestro fiel corcel Agro, y el haz de luz que emite nuestra espada para encontrar a nuestro objetivo.

Toda la aventura transcurre en un vasto mundo en el que todas las construcciones son cientos de veces más grandes que nuestro protagonista y nos sentimos como una diminuta hormiga intentando movernos por todo ese territorio inexplorado. Lo inusual de Shadows of the Colossus era su planteamiento. Un juego de aventuras en el que lo único que había que hacer era encontrar al coloso, derrotarlo, e ir a por el siguiente. Ya está. Solamente eso. Ni mazmorras, ni lugares secretos, ni personajes que nos diesen misiones… nada. Estas solo, y tienes un único cometido. Allí estaba yo, tan pequeño y tan iluso. Sin saber muy bien qué hacer. Dando tumbos de un lado a otro. Hasta que encontré al primer coloso y supe derrotarlo. Empezaba a entender la magnitud de la obra. El segundo coloso fue más difícil. El arco del protagonista me ayudó, pero solo hasta que me di cuenta de que había que usarlo para poder subirse encima de él (lo cual llevó tiempo). Lo épico de la aventura estaba cobrando magnitudes gigantescas.

El hombre contra la bestia

Entonces llegó el tercer coloso, y todo se fue al traste. No recuerdo con claridad si lo llegué a vencer. Creo que me atasqué y no lo superé (y si lo vencí, no me dio tiempo a más). En aquel tiempo no tenía internet para consultar guías. El juego me superaba, era demasiado para mí. Lo devolví pasado el fin de semana y nunca más lo toqué… Allí se quedó el archivo de guardado en mi consola, perdido entre todos los demás. Años más tarde, mucho más tarde, cuando mi mente entendía y comprendía mejor las cosas, recordé a esos colosos y sus sombras. Pero yo ya no tenía PlayStation 2 ni manera de conseguir el juego. No obstante, hace un año más o menos, en el ordenador de mi hermano conseguimos un emulador de dicha consola. El juego fue fácil encontrarlo. Al fin parecía que, después de tanto tiempo, iba a poder jugar como se debía a semejante obra de arte.

Volví a aquel mundo. Volví a mirar con otros ojos la belleza del vídeo de introducción. De nuevo viajé a por el primero coloso y de nuevo lo vencí. Con el segundo todavía recordaba que había que usar el arco, así que fue fácil. Y el problema, para mí incredulidad, retornó antes del tercer coloso. Existía una particularidad en todo esto, y es que el tercer coloso se encuentra en una plataforma de piedra sobre un lago. Para acceder a ella hay que subir una larga rampa y saltar al borde de una cornisa desde la que tienes que saltar de nuevo hacia la plataforma central. El verdadero inconveniente eran los controles y la cámara que no ayudaba a posicionarse. El mando que usaba para el emulador del ordenador no permitía la misma precisión que el de PlayStation 2. Y ahí estaba yo, intentando saltar y errando una y otra vez, cayendo al agua del lago, sin alcanzar la plataforma del coloso. Me ponía furioso y volvía a repetirlo. Pero el proceso era lento y aburrido, y hacia que desease cerrar el emulador y tirarlo todo a la basura. El juego no se merecía eso, desde luego, pero sentía que no lo estaba disfrutando y lo único que hacía era agobiarme sin tener por qué.

Desistí pasado un tiempo. Me juré que volvería en algún otro momento, pero no lo hice… El tiempo fue pasando. Más y más. De nuevo, como siempre. Este verano, en uno de esos días en los que sentía que no tenía nada qué hacer y quería matar el tiempo de alguna forma, recordé el juego. Pero hubo un problema; mi hermano y yo habíamos vendido el mando con el que poder jugar al emulador desde el ordenador. ¿Por qué siempre tantos obstáculos con este juego? Al final volví a dejarlo estar, prometiéndome que algo haría en otra ocasión. Hace poco, el YouTuber español Outconsumer comenzó una serie jugando al título junto con Loulogio, y los he estado viendo. Nunca pude pasar del tercer coloso por mí mismo, pero algo es algo. Al principio no quería hacerlo, pero ya no importa. Esto es mejor que nada. Guardo en mí la esperanza y la promesa de algún día poder disfrutarlo con mis propias manos. Algún día, de verdad.

Frustración número tres. Continuamos…

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