Una mirada al mundo de mis sueños

Sueños

Creo que he expresado en más de una ocasión mi admiración por el mundo de los sueños. Me parecen fascinantes. Es increíble que todos los tengamos y que cada uno de nosotros vea cosas diferentes. Cosas a veces maravillosas o enigmáticas. De pequeño solía tener muchas pesadillas que me atormentaban, pero con el paso del tiempo las fui perdiendo por el camino. Quizá por esas experiencias de noches horribles y estresantes, siempre guardé en mi interior un deseo de poder controlar mis sueños. Deseaba poder soñar con lo que quisiese y hacer lo que quisiese en esas horas.

Hace algunos años, por estos motivos, y con internet a mi disposición, comencé a investigar más a fondo sobre el mundo de los sueños. De alguna forma caí en páginas que hablaban de los sueños lúcidos. Esto me llamó mucho la atención. Al parecer, hay gente que se ejercita para tener sueños lúcidos, lo que viene a ser lo mismo que poder controlar lo que sueñas y lo que haces en tus sueños. Me explotó la cabeza. No sabía si aquello era una grotesca broma o si era real, no importaba, el caso es que yo también quería ser dueño de mis noches.

Leyendo más, recuerdo que descubrí algunos métodos y consejos que aplicaba esta gente para tener estos sueños lúcidos. Se me quedaron grabadas varias cosas. Primero, decían que si querías controlar tus sueños, debías dormirte todos los días a la misma hora. Comenzar una rutina y cumplirla (parecía sencillo). Segundo, cinco minutos antes de quedarte dormido, debías concentrarte y enfocar tus pensamientos en lo que deseases soñar. Tercero, nada más despertar, sin hacer ninguna otra cosa antes, debías anotar el sueño que hubieses tenido esa noche. Era importante hacer esto último con premura, pues se dice que pasados unos pocos minutos, olvidamos gran parte de nuestro sueño de esa noche, y cuando llevamos ya varias horas despiertos, lo hemos olvidado prácticamente todo.

ImagineSiguiendo esta supuesta rutina, la gente decía que empezarías a notar cosas. Que al principio sentirías que estabas soñando, y que al darte cuenta de tal acto, podrías empezar a hacer pequeñas acciones como mirar algo o moverte de alguna forma concreta. Más adelante, con la práctica, decían que podías llegar a cambiar el escenario, hacer lo que quisieses, volar, viajar a Marte, ¡cualquier cosa! Esto me obsesionó bastante hace algunos años (tanto que fue una inspiración para crear Pesadillas del Futuro tiempo después). Y hoy os cuento todo esto porque resulta que el otro día, rebuscando en mis viejas libretas y viendo dibujos de mi etapa en el instituto, llegó a mis manos una que había olvidado por completo.

Es una libreta a la que le faltan muchísimas hojas y ahora está delgada como un palo. Hay montones de anotaciones y curiosamente casi ningún dibujo. De pronto, me sorprendí a mí mismo leyendo algo muy especial. Lo había escrito yo, de mi puño y letra hacía años, en lapiz y con mala ortografía. Era ni más ni menos que un sueño que había tenido algún día. Y claro, estaba allí apuntado porque formó parte en mi intento por tener sueños lúcidos (recordemos que uno de los pasos era anotar los sueños que se tenían). Finalmente mi esfuerzo fracasó, porque aquí sigo yo sin haber logrado tener sueños lúcidos, pero aquel sueño, fuera como fuere, lo llegué a escribir, grabándolo para siempre y haciéndolo prisionero de la realidad. Me ha causado tanta impresión encontrarme con él ahora, que he sentido las ganas de compartirlo aquí con vosotros (por eso lo he transcrito al ordenador). No tiene sentido alguno. Es posiblemente la cosa más surrealista que he escrito nunca, y la parte final me deja muy loco. Si lo viese un psicólogo, a saber la de mensajes ocultos y significados que sacaría de todo esto. En fin… Echad un vistazo al mundo de mis sueños y decidme qué os parece:

Soñé que estaba en un barco y tenía una hermana pequeña. Había ballenas de color negro y hablábamos con ellas. Mi hermana estaba en un concurso de belleza y se ponía triste porque todas las demás chicas iban a ganar haciendo trampas. Yo la tranquilizaba y, entonces, me metía dentro de una ballena y nos íbamos mar adentro.

En su interior, la ballena tenía agua que era negra como el petróleo. Había veces en las que ella abría su boca y aparecía una mujer (posiblemente mi madre) y sonreía. Se alegraba de verme. La ballena parecía estar enferma…

Después me encontraba en otro barco intentando cazar en esta ocasión una ballena violeta. Más tarde, volvía a estar de nuevo dentro de la ballena enferma junto a mi familia. Encontraba en ese instante una Pokeball y una hoja de papel en blanco.

Ahí se termina el sueño.

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