Frustraciones videojueguiles (IV)

Frustraciones videojueguiles (IV)

Hoy vuelvo con; “Frustraciones videojueguiles”. Ya sabéis, esa sección del blog en la que cuento alguna anécdota que he tenido con el mundo de los videojuegos y que, con regularidad, ha salido mal parada. La de hoy es una un tanto particular, pero que se da en muchísimas ocasiones y por la que todos los que jugamos a videojuegos hemos pasado tarde o temprano. Hablo, desde luego, de esas partidas inacabadas. Pero de las que no acabas porque no quieres o no tienes las ganas de querer. Y por si fuera poco, en esta ocasión hago referencia a dos videojuegos, y no solo a uno; Diablo III y Resident Evil 6. ¿Queréis saber qué me pasó con estos juegos? ¡Pues a seguir leyendo!


Las inacabadas partidas de Diablo III y Resident Evil 6

Lo inacabado no es nada.

— Henri-Frédéric Amiel

Lo de no llegar a terminar una partida en un videojuego es algo que se suele dar a menudo si dicho videojuego no nos motiva a terminar su historia o si no estamos entusiasmados por querer llegar al final. Suele pasar a menudo por estas razones, y no tanto por falta de tiempo, por ejemplo. Porque si tenemos falta de tiempo, pero el juego nos apasiona, entonces lo llegaremos a terminar en algún momento sí o sí. También se puede dar esta situación en juegos muy grandes tipo sandbox en los que hay mucha libertad y tareas secundarias que nos distraen de la trama principal, creando la posiblidad de que lleguemos a abandonar antes de dar por terminada su historia.

No obstante, Diablo III y Resident Evil 6 no son juegos especialmente vastos donde haya muchísimas cosas que hacer (sobre todo en el caso del segundo). El tema principal que tengo que recalcar aquí, es que ambos son títulos cooperativos, y como tales, son juegos que en su día compré junto a mi hermano. A los dos nos gusta un buen juego cooperativo con el que pasar divertidas horas a los mandos. Nos encantan, y a mí me da rabia que no haya más en el mercado porque es un tipo de juego cooperativo (a pantalla dividida) que se está perdiendo mucho. Diablo III y Resident Evil 6 fueron de los últimos juegos que adquirimos para echar partidas juntos. Y por desgracia ninguna de las dos compras fue buena idea al final.

El guerreroHablemos primero de Diablo III, desarrollado por uno de los monstruos de la industria en esto del rol; Blizzard. Y un juego esperado en su día como uno de los más grandes hitos de la historia de los videojuegos. Sin embago, cuando llegó al mercado… se estrelló. El problema de este título es que acaba siendo repetitivo. Recuerdo machacar el botón de ataque continuamente y hasta empezar a quedarme dormido con el mando en las manos (lo compramos para la Xbox 360). No es coña, ¡me quedaba dormido! Si un juego consigue eso en mí, apaga y vámonos. La historia no llega a ser demasiado atractiva ni adictiva, y a las pocas horas comienzas a darte cuenta de todas sus flaquezas. Al principio mola bastante, pero luego cansa. Eso, sumado a que jugar con mi hermano lo hacía bastante lento, puesto que a él le gusta echarse bastante tiempo comparando estadísticas de las armas y demás para llevar siempre la mejor posible. ¡Y yo acabo enseguida de comprobar mi inventario y quiero continuar porque si no me aburro!

Por si fuera poco los dos somos jugadores muy maniáticos, nos gusta explorar hasta el último rincón del mapa y dejarlo todo bien visto, cosa que en Diablo III es una tortura, porque el mapa se descubre a medida que viajas, pero en ciertas zonas ese descubrimiento no se queda guardado y cuando retornas a dicha zona tienes que volver a registrar todo el mapa caminando de nuevo por él (o al menos eso recuerdo que sucedía). Para mayor inconveniente, si mi memoria no me falla, compramos este juego una semana o dos antes de que saliese Grand Theft Auto V. Yo me subía por las paredes por la espera de GTA V, así que cuando salió este me centré absolutamente en él (un juego que no hacía que me quedase dormido a los mandos, todo hay que decirlo), y Diablo III pasó a ser un entretenimiento nada factible. Al final lo fuimos dejando y dejando y la apatía de echar una partida se hizo patente. Ahí sigue el archivo de guardado de ambos, cogiendo polvo. Y ahí seguirá, me temo…

Lo que sucedió con Resident Evil 6 fue un caso más raro aún. Sexto título de la famosa saga de zombies de Capcom que ha ido transmutando con los años de una experiencia survival horror a un simple mata-mata de acción monstruosa con intentos vanos de dar miedo. El juego resulta más o menos decente para pasar el rato. A los dos nos parecía una fantasmada de mil demonios y de juego de terror no tenía absolutamente nada, pero bueno, a falta de juegos cooperativos, algo era algo… Y además siempre podía ser divertido reírse de los errores y las estupideces que veíamos. Era entretenido jugar las diferentes historias de los protagonistas y la jugabilidad había mejorado con respecto a la anterior entrega de la saga, que era mucho más arcaica. No obstante, la historia no atraía nuestro interés en absoluto y se nos empezó a hacer más y más absurdo todo.

Chris y Leon

Es un título medianamente largo para su propuesta, y eso se hizo notar. Recuerdo que llegamos a terminar una de las historias de las tres que hay. Para las otras dos aún nos quedaban una o dos misiones y, por misterios de la vida, lo dejamos. Es de estas cosas sinsentido que ocurren a veces. Estás jugando a un juego y todo está bien, pero de repente un día ya no vuelves a iniciarlo. Y pensar en coger los mandos y darle a play te da una pereza extrema. Te dices a ti mismo; «Eh, tengo que acabar este juego», y aún así, nada. Es una promesa falsa. Una promesa que te haces como queriendo convencerte de que todo está bien, que algún día lo acabarás de verdad. Pero eso al final nunca sucede. Y en realidad, da igual, porque el juego en sí mismo ya no merece más de tu tiempo.

Ciertamente, ahora que tengo más perspectiva con estos dos juegos, me doy cuenta de que mi frustración real hacía ellos no es no haberlos terminado nunca, sino el hecho de haberme gastado el dinero en ellos pudiendo haber comprado títulos más interesantes o que fuesen a darme más alegrías. Pero en fin… se dice que de los errores se aprende, ¿no? Quizá hemos aprendido. Sí, ahora que lo pienso, creo que hemos aprendido, porque este verano mi hermano y yo pasamos mejores ratos con LEGO El Señor de los Anillos de los que pasamos en su día con Diablo III o Resident Evil 6.

Frustración número cuatro. Y seguimos contando…

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