Frustraciones videojueguiles (V)

Frustraciones videojueguiles (V)

Año nuevo, nueva frustración videojueguil. ¡Y ya vamos por la número cinco! (recordad que en la etiqueta están todas) La de hoy es una anécdota bastante peculiar. Digamos que incluso no llega a ser del todo una frustración… Me explicaré más adelante. En fin, ¿de qué juego va esta vez? Pues de uno muy recordado en la época de la PlayStation 2, cuando la saga Need for Speed rozaba un gran nivel de calidad y la fiebre por el motor y el tunning estaban en apogeo. Hoy vamos a hablar, por supuesto, de Need for Speed: Most Wanted. ¿Te apuntas?


Most Wanted: El intento fallido. La victoria tardía.

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.

— Mahatma Gandhi

Como sabéis, en esta sección siempre os cuento alguna historia frustrante que me haya ocurrido jugando videojuegos, y la que nos concierne en este momento tiene que ver con un título de conducción. La verdad es que nunca he sido un super fanático de los coches ni de los juegos de carreras. Me gustan muy de cuando en cuando, tengo mis etapas con ellos, como me sucede con los juegos de estrategia. Bien, sin embargo, por el 2005, muchos de estos juegos me atraían más que ahora, por ejemplo Burnout o MX vs. ATV, pero, sobre todo, me gustaba la saga Need for Speed, una franquicia clásica de conducción arcade. Reconozco que mi juego favorito de la saga es el Underground 2, pero le sigue muy de cerca este, el Most Wanted. Y me sucedió algo un poco catastrófico con este título.

Lanzado por Electronic Arts (conocida hoy día como la temida compañía del demonio; $$$ dinero, dinero, ¡dame sucio dinero! $$$) en el año 2005, Most Wanted supuso el regreso de persecuciones policiales a la saga. La intensidad de este juego se mantenía, ante todo, en esas carreras y esa tensión que se generaba cuando aparecía la policía y tenías que darles esquinazo de las formas más originales o agresivas que se te ofreciesen. La otra característica del juego era la famosa Blacklist, una lista de los corredores de la ciudad más buscados por la policía. Nuestro objetivo; ascender en la lista y llegar a ser el número 1. ¿Fácil? No lo creas. Para llegar a ser el número 1 debías correr distintos eventos y, claro está, alcanzar ciertos hitos de persecuciones policiales. Como el nombre del propio juego indica, se trata de ser el “más buscado”. Por lo tanto, las persecuciones de polis eran esenciales para avanzar y subir puestos en la lista.

NFS MWHasta aquí todo bien. Introducción necesaria, perdonarme si me extiendo un poco. Digo todo esto para dejar claro a quien no haya jugado este juego que el asunto de las persecuciones era muy habitual, y cada vez se complicaba más. Al principio era algo sencillo: Llega la poli, conduces a toda velocidad por callejones o autopistas, te saltas alguna barrera policial de unos pocos coches, destrozas dos o tres, y te escondes. Listo. Pero cuando avanzabas más y más, toda la presión policial de la ciudad se te echaba encima. Hasta que al final se creaban persecuciones completamente loquísimas. Un desmadre de mil demonios. Con helicópteros rastreando tu posición, pinchos por el suelo, todoterrenos 4×4 que te destrozaban, barreras infranqueables… No bromeo al decir que algunas persecuciones llevaban cerca de media hora de tiempo real para completarlas con éxito. ¡Una jodida locura!

Claro, he aquí el principal problema; yo era un chaval de unos 11 o 12 años cuando jugué este juego. Sencillamente, no me daba la cabeza (ni las manos), para superar semejante reto. Todavía no. Así que recuerdo alquilar el juego en el videoclub de mi ciudad, echarle su tiempo y todas mis ganas, pero no llegar mucho más lejos del número 5 o 6 de la Blacklist. Años más tarde, reunidos en casa de un amigo que tenía el juego, intentamos otra vez superar las persecuciones policiales. Yo tenía mi pequeña espinita clavada con él, por aquello de no haberlo terminado nunca. Sin embargo, nada, imposible. Pasaron los días y lo fuimos olvidando o ya no pudimos jugar más y allí se quedó aquello de nuevo. Otro título más para el baúl de los recuerdos de los intentos fallidos, pensaba yo…

¡Pero no! ¡No! El juego volvió a mí. Hace un par de años, cuando estudiaba el ciclo de informática, ocurrió lo inesperado. Aquel ciclo fue bastante… ¿cómo decirlo? ¿Salvaje? En fin, que nos pasábamos las mañanas delante de un ordenador. Yo estaba muy perdido con la materia y mis compañeros cercanos ídem. Así que muchos de nosotros quemábamos el tiempo jugando a videojuegos a escondidas, y si el profesor se acercaba por la mesa, pulsábamos “alt+tabulador” y a fingir que trabajábamos. Sí, lo sé… No me siento muy orgulloso de aquel yo. Pero por experiencia sé que esto ocurre muchísimo. Dales ordenadores a una clase de chavales, y en menos de un día estarán perdiendo el tiempo en internet o en videojuegos. Sea como fuere, a mí amigo de al lado y a mí se nos ocurrió conseguir un juego de carreras para entretenernos un rato, y lo primero que se nos vino a la cabeza fue Need for Speed, claro. Llegamos a conseguir el Underground 2 en versión portable, lo iniciábamos desde un pen drive, y ale, a divertirse. Nos llegamos a terminar dicho juego, y después de aquél conseguimos el Most Wanted también.

¿Y qué creéis que pasó? Exacto, era mi oportunidad. Mi momento tantos años relegado al olvido… Allí estaba aquel maldito juego con sus malditas persecuciones policiales imposibles. Y allí estaba yo, con muchas horas aburridas de clase de por medio, y con una espinita clavada que estaba dispuesto a sacar. Parece imposible o absurdo, pero os juro que me pasé el juego, sí. Me terminé el Most Wanted en clases de informática (y no solo este, sino que tuve tiempo de jugar a muchos otros títulos… aunque eso es otra historia de la que quizá hable en otro momento, porque también son anécdotas bastante curiosas). Aquel condenado Most Wanted. Lo conseguí al fin, muchos años después de jugarlo por primera vez, pero con la experiencia ganada del tiempo, de ser yo mucho más mayor y veterano con esto de los juegos. Un goce extraño se instaló en mi cuerpo al ver subir los créditos, sabiendo que por fin había finalizado aquello que mi niño interior un día comenzó. Una pequeña victoria. Una frustración vencida, tarde y mal, pero vencida. Una que, ahora, si lo vemos desde este punto de vista, ya no parece tanto una frustración, ¿verdad? En fin, esta es mi historia con Need for Speed: Most Wanted. ¿Podría ser más estúpidamente enrevesada? Yo no lo creo.

Frustración número cinco. Y otra más para la lista…

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