The Last Guardian y el deleite visual

The Last Guardian es uno de esos particulares juegos que cosechan más atención durante su desarrollo, que durante su etapa en el mercado. La última obra hasta el momento de Fumito Ueda se ha ganado, no sin razón, todo tipo de opiniones que van desde las mejores alabanzas, hasta las quejas y decepciones más profundas. Está claro que es un título que no deja indiferente a nadie entre su público.

Hace unas semanas pude jugarlo por fin, y, me entraron unas súbitas ganas de escribir sobre él. Finalmente así lo hice y mi texto se publicó a modo de artículo para La piedra de Sísifo. Sin embargo, quería rendirle también tributo en mi canal convirtiendo mis palabras en vídeo. Y hoy estoy aquí para mostraros el resultado, uno del que estoy muy orgulloso porque le he puesto mucho cariño y dedicación, y creo que he conseguido alcanzar mis mejores cotas de calidad. Para mí se encuentra ya fácilmente entre mis vídeos favoritos del canal, y espero que para vosotros también sea así.

En fin, aquí os lo dejo. No es un análisis al uso. Ni tampoco una crítica. Son pequeñas pinceladas sobre detalles que hacen de este un juego único e inolvidable. Un enfoque diferente, para una obra diferente.

[The Last Guardian y el deleite visual]


¿Habéis jugado a The Last Guardian?
¿Qué os parece este juego?

La importancia de una buena dirección de arte

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La dirección de arte es algo fundamental para el mundo de los videojuegos. Y no solo en ese medio, también en el cine, o la novela gráfica. Una buena dirección artística puede suponer muchas cosas. En el vídeo que he preparado para esta ocasión, quisiera centrarme especialmente en lo que supone para los videojuegos.

Algunos quizá os preguntéis qué es. No pasa nada, en el vídeo ya os lo explico. Y además os recomiendo los juegos de Thatgamecompany, uno de los estudios indie de los últimos años que más han emocionado a los jugadores con sus obras casi poéticas. ¿Queréis saber por qué es importancia una buena dirección de arte? ¡Pues aquí os dejo mi opinión!

La importancia de una buena dirección de arte

¿Qué opináis vosotros de la dirección de arte?

La épica de un Torneo Medieval | #HaiFeiraFranca 2016

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Como no podía ser de otra forma, este año he vuelto a repetir la emocionante experiencia de visitar la Feria Franca (o Feira Franca para nosotros) de Pontevedra. Espectáculos, exhibiciones, torneos, animales, comidas, disfraces de época, todo más y mejor para una fiesta que, de tantas actividades que propone y gente que acoge, ya se está pensando en ampliar de duración (y hasta consigue ser trending topic con #HaiFeiraFranca).

Pero, ¿y qué tal este año mi experiencia comparada con la euforia del año pasado? Bien, pues preparaos que aquí llega mi crónica (bastante movidita) cargada de momentos geniales. Demos un repaso…

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Frustraciones videojueguiles (III)

Frustraciones videojueguiles (III)

Aquí estoy de nuevo con la sección; “Frustraciones videojueguiles”, y vamos ya por la tercera. La de hoy es una muy especial por el título en cuestión, un juego de culto que ascendió al olimpo desde su salida allá por el año 2006 en Europa y que cualquiera que ama este mundillo ha jugado alguna vez u oído hablar de su portento. Por supuesto, hablo del maravilloso Shadows of the Colossus, una de las obras más queridas y recordadas del amplio y generoso catálogo de la PlayStation 2. Y yo, poseo mi historia y mi frustración personal con esta pieza… Voy a contárosla.


Mi nefasto viaje en Shadows of the Colossus

nefasto, ta.
(Del lat. nefastus).
1. adj. Dicho de un día o de cualquier otra división del tiempo: Triste, funesto, ominoso.

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La euforia de un torneo épico medieval

La euforia de un torneo medieval
Fotografías de Cristina Saiz

Son cerca de las siete y media pasadas de la tarde. Es un día soleado de principios de septiembre y de vez en cuando sopla un agradable viento. Es la primera vez que visito más o menos en serio la Feria Franca de mi ciudad. Poseo algún recuerdo vago de mi infancia junto a mis padres, dando paseos por los recintos y calles, pero esto es diferente. Agarro de la mano a una chica muy especial y los dos nos sonreímos emocionados porque nos encaminamos a visualizar, con nuestros propios ojos en vivo y en directo, un torneo épico medieval de caballeros. Hemos estado dando unas cuantas vueltas viendo cómo la gente se ha disfrazado de época, hemos visto cómo algunos arqueros practicaban puntería, también a algunas niñas que calentaban músculos girando y danzando, nos hemos empapado del ambiente y, del olor, un olor a comidas y humo…

Pero van a ser las ocho de la tarde. Y a las ocho empieza el torneo. Insisto en que deberíamos ir con tiempo, porque preveo una avalancha de gente (y a mí no me gustan las avalanchas de gente). Así que echamos de nuevo a andar. De camino, más personas corretean calle abajo en manada. «Van a la plaza de toros», pienso con certeza. Apuramos el paso. Enseguida vemos la plaza al fondo, y dos colas considerables de gente amontonándose. Nunca he entrado en la plaza de toros de mi ciudad (ni falta que me ha hecho, pues el único buen uso que se le ha dado en toda su existencia sea, posiblemente, el del espectáculo que voy a ver en breves), así que estoy más nervioso que de costumbre por todo lo que está pasando a mi alrededor.

Nos colocamos en una de las colas (la que veo menos abarrotada). La multitud está entrando y en cierto momento hasta logro ver que dentro de la plaza ya hay mucha gente. Nos morimos de nervios. «¿Y si no entramos porque se llena antes de llegar a la puerta?» Comienzo a hacer bromas para calmar los nervios, pero ni así. «¿Te imaginas que sobrevuela Daenerys Targaryen la plaza de toros con uno de sus dragones? Eso sí que sería la hostia». Pasan los minutos. La cola avanza. Por fin parece que llegamos. Los guardias nos dan paso «¡Dios, sí!» Entramos en un pasillo claroscuro. La gente sube unas escaleras interiores. No tengo ni idea de a dónde ir, así que lo sensato parece seguir a la muchedumbre. Lo mejor es ese bullicio impresionante que resuena desde el interior de la plaza y se cuela por todas partes. Más de 7.000 gargantas vociferando de emoción.

Salir del pasillo a la claridad solar del palco de gradas me acelera el corazón. Allí hay más cuerpos y cabezas de las que puedo ver o contar. Gente, gente por todos lados. Busco con la mirada desesperada dos asientos libres, por algún lado tiene que haber… Finalmente, allí, en la lejanía. «Vamos, antes de que los coja cualquier otro. Sígueme». Llegamos. Por los pelos. Estoy tan nervioso que ni siquiera tengo la cortesía de preguntar si están o no ocupados. Da igual. Mataría por esos jodidos asientos. Casi son ya las ocho de la tarde. La plaza está a reventar de gente. Todos se mueren de ganas porque empiece. Algunos intentan crear una ola, y lo consiguen. Aparecen unos músicos sobre el terreno de la plaza que animan aún más el jolgorio. Y un poco más tarde, un bufón sale al trote en un caballo de palo, el espectáculo empieza. Voy a disfrutar como un niño de la hora que tengo por delante.

Los caballeros en una de las pruebas

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Frustraciones videojueguiles (II)

Frustraciones videojueguiles (II)

Vuelvo una vez más con una entrada de la sección “Frustraciones videojueguiles”, la cual comencé el mes pasado contando mi tragedia con Majora´s Mask, si recordáis. En esta ocasión traigo un juego totalmente opuesto al de la saga de Nintendo, pero de nuevo, se trata de un juego que marcó historia dentro de la industria y que es recordado por muchísimos jugadores.

Y es que es ni más ni menos que uno de los mejores juegos de la pasada generación (y quizá el que es mi favorito de la misma. Por no decir que me parece el mejor videojuego firmado por Rockstar Games, que no es decir poco). Estoy hablando, por supuesto, del magistral Red Dead Redemption. Sin más dilaciones, ¡empezamos con esta nueva frustración!


El día que borré a John Marston de mi vida

«Acepta perderlo todo».

Jack Kerouac

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