El único programa de radio que oigo (y veo)

El único programa de radio que oigo (y veo)

No soy muy dado a oír la radio. Supongo que el medio siempre me ha quedado lejos dada mi edad. En mi casa solo tenemos una radio y el único uso que tiene es cuando mi madre la conecta mientras plancha. Si bien yo mismo podría buscar radios online y oírlas mientras hago cosas en el ordenador, pero lo cierto es que me da algo de pereza. Supongo que no es un medio con el que termine de conectar especialmente, a pesar de que, por raro que sea, me encanta eso de oír voces charlando al otro lado e imaginarme las cabinas en las que estarán sentados los locutores, el café que tendrán cerca, el técnico de sonido, etc. No sé, tiene una magia especial que no tiene la televisión, por ejemplo.

Sí que a lo largo de los años he oído algún que otro podcast y tal, y puede que en alguna ocasión haya buscado programas de Milenio 3, pero poco más… No obstante, de un tiempo a esta parte estoy enganchadísimo a uno de los mejores programas que he oído (y visto) nunca en España. Me encanta, es único y es genial. Y hoy me apetece recomendarlo.

¿Adivináis cuál puede ser?

Sigue leyendo

Anuncios

Me empachan los libros largos

libros_gordos_o_brevesTengo un problema. Más que un problema, es una molestia. Y más que una molestia, es una pequeña pereza. Y es que los libros largos me empachan. A ver, voy a explicarme. Llevo queriendo hablar sobre este asunto desde que terminé a principios de marzo El temor de un hombre sabio —segunda parte de la trilogía de Patrick Rothfuss; Crónica del Asesino de Reyes—, el libro más largo que he leído hasta ahora (1.190 páginas). No me quejo de su extensión. Tampoco me quejo del libro, porque me hizo disfrutar como un loco en toda su longitud y no me aburrió nunca. Peeeeero… no sé, hay algo. Algo entre tantas y tantas páginas que termina por agobiarme un pelín. Quizá a vosotros, como lectores, también os pase.

Puede que todo esto venga por el simple hecho de tener un libro tan enorme entre las manos. Lo lees durante tantos días y siempre ves que te queda un montón para acabarlo. Eso no me molesta precisamente si el libro me tiene enganchado. Como digo, no es que me incordie que un libro sea muy largo. Es simplemente una sensación diferente que nace desde muy dentro de forma arbitraria, una sensación que nadie llama, pero que ella solita sale a flote. Estoy hablando de la pereza. Y no, tampoco es que tenga pereza mientras leo dicho libro largo —al menos no si este me está entreteniendo—. Es una pereza previa al comienzo de la lectura. Es una pereza que nace antes, porque piensas cosas como: «Buff… voy a estar con este libro muuucho rato. No lo acabaré en una semana, no. Esto va a llevar su tiempo». De ahí que luego te debatas internamente el hecho de ponerse con ese libro o con uno más ligero que te ocupe menos tiempo. Porque una parte de ti sabe que, si te pones con ese largo, vas a acabar empachado.

Sigue leyendo