Reflexión | Las mentiras que les contamos a los niños

RegalosOs quiero contar una curiosa historia que sucedió hace bastantes años, cuando yo tenía unos cuatro o cinco inviernos a mis espaldas. Es una historia navideña, pero ya os aviso que no tiene un final feliz. Ocurrió, como digo, durante un invierno. Veréis, mis padres nunca se habían (ni se han) caracterizado por ser especialmente habilidosos o discretos a la hora de comprar los regalos de Navidad. Quizás hay gente que no sabe o no conoce el arte de la discreción para estas cosas, sea como fuere, ellos no lo ocultaban muy bien. Quiero decir, yo en aquella época era un niño inocente todavía que creía en magia y en Papá Noel y en Los Reyes Magos y ellos la verdad es que no ponían mucho empeño en mantener la ilusión a flote. Recuerdo que hablaban casi abiertamente acerca de los regalos, de cuándo tenían que ponerlos bajo el árbol, o temas así, sin ser muy reservados. Hablando con ese tono pícaro en la voz ante mí, susurrando o chismorreando medio a escondidas, como si el niño no fuese a darse cuenta. Como si el niño fuese aún muy tonto para fijarse.

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Mis 10 lecturas favoritas del 2015

Mis 10 lecturas favoritas - 2015

Bueno, esto se va a convertir en tradición. Aquí estoy un año más preparado hasta los topes para hablar de las 10 lecturas que más me han gustado este 2015. Así como ya hiciera a principios de este año una entrada hablando de mis lecturas del 2014, vuelvo una vez más, puesto que escribir sobre esto me da una sensación de cierre muy especial, y me parece la forma perfecta para acompañar los últimos días del año en el blog.

Esta será una de esas entradas largas, así que coged caramelos o algo, y preparaos para mis recomendaciones. Para que no haya confusiones, por si alguno se despista, dejo claro desde ya que esta es solamente mi opinión personal, y que además los libros que aparecen en la lista son de años diferentes y géneros variados, es decir, no son libros que hayan salido este año. Son libros que yo he leído este año. Y para hacerlo más emocionante y divertido, como siempre, hago un top 10, de menos a más. Y os animo a que en la sección de comentarios hagáis vosotros también vuestro top personal y entre todos recomendemos grandes libros. ¿Estamos listos? ¡Pues venga, a por las lecturas!

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Crónica de un cinéfilo enfurecido

Crónica de un cinéfilo enfurecido

Veréis, tengo que desahogarme de alguna manera, y siento que si no lo hago por aquí, acabaré asesinando a alguien… El tema que quiero tratar hoy es un tema muy simple. Uno por el que seguramente todos habéis pasado alguna vez. Compráis una entrada de cine, os preparáis para el evento, entráis en la sala con emoción, buscáis vuestra butaca, os sentáis y esperáis con ganas que las luces se apaguen y de comienzo la ansiada película de turno. Pero sucede algo. La gente. Eso sucede. Vosotros. Nosotros. Yo, tú. Todos. «El hombre es un lobo para el hombre». Somos unos jodidos y estúpidos tocapelotas. Tú, yo, él, ella, ellos, nosotros, vosotros, aquellos, mierda callaos de una vez, ¡quiero ver la película!

Punto. Pausa. Necesito reordenar mis pensamientos…

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5 series españolas que merecen la pena

5 series españolas que merecen la pena

El otro día me paré a pensar en la televisión española. Desde un tiempo a esta parte he dejado de ver la televisión como tal. Obviamente sé con bastante seguridad que esto se debe a que tengo internet a mi disposición y ahí puedo ser yo el que decida qué ver y cuándo ver (y de paso así no tengo que tragarme anuncios de 7 minutos cada dos por tres ni programuchos soporíferos que intentan contentar a todo el mundo o que van dirigidos a señoras a las que les gustan los chismorreos banales). Antes solía ver alguna cosilla suelta, no gran cosa, pero ahora no veo más televisión que la que tengo de fondo cuando es la hora de la comida, y mis padres tienen las noticias o Los Simpson por ahí.

El caso es que me paré a pensar; ¿existen buenas series españolas? Maldita sea, alguna tiene que haber. Vemos listas interminables de recomendaciones de series y todas son siempre extranjeras. Cuanto más de canales americanos como la HBO, AMC o Fox. Pero, ¿qué pasa con nosotros? ¿No tenemos nada bueno que ofrecer? ¡Sí, claro que sí! Aunque muy a mi pesar, poca cosa. Las series españolas no son lo mejor del mundo, y de hecho la mayoría, en mi honesta opinión, apestan. Pero a lo largo de los años ha habido ciertas excepciones (por suerte). Y estas que a continuación voy a mencionar, son 5 series españolas que merecen la pena de verdad.

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Retahíla de cosas imbéciles

Hoy voy a hacer honor más que nunca al subtítulo del blog, sí, ya sabéis; «El blog de las pequeñas ideas». Y es que el caso es que tengo algunos cuantos apuntes de cosas estúpidas de la vida que me chirrían cuando las veo y muchas veces tengo la sensación de que soy yo el único del mundo al que le molestan. No sé, llamadme tiquismiquis, pero allá van algunas tontunas que me ponen muy nervioso.

LlamadaColgar el teléfono sin despedirse (en series y pelis)

Vamos a ver, no puede ser que solo sea yo el único al que esto le altera la sangre. Me refiero a cuando estás viendo una serie o una película y suena el teléfono (mi nerviosismo aumenta todavía más si tardan un montón de tiempo en descolgar o en decir algo cuando descuelgan). Lo normal, os lo juro, haced la prueba, es que cuando hay una llamada en una serie o una peli, esta termine sin que los dos personajes se despidan el uno del otro. ¡Y por Dios cómo me altera eso! Sí, me repatea porque en la vida real nunca ocurre tal cosa. De hecho en la vida real, no sé vosotros, pero yo muchas veces hago el típico; «chao, chao». O sea, dos veces. ¡Llego a despedirme hasta DOS veces! No sé, por si el otro no me ha oído bien o lo que sea. La verdad es que creo que soy un poco raruno para eso…

En fin. A lo que iba. Los de las series o pelis me ponen aún más nervioso cuando el diálogo de la llamada es muy intenso. Quiero decir, cuando se mandan un mensaje muy importante entre ellos y lo lógico sería despedirse para que quede bien claro que se ha recibido la información. Por ejemplo, uno dice; «Así que ve allí y mata a ese tipo como está acordado, ¿de acuerdo? Quiero que termines el trabajo esta noche». Vale. Eso dice uno. Y el otro debería decir algo como; «Claro, muy bien. Cuenta con que lo haré. Nos vemos». ¡Pues NO! No dice nada de eso. Va y con dos cojones cuelga el teléfono. Simplemente cuelga sin decir nada más. ¿Pero cómo se supone que el primero va a entender entonces que el otro tipo ha captado el mensaje y hará el trabajo? ¡¿Cómo?! ¡Dios! De verdad… así pasa siempre. Fijaos y ya no podréis soportarlo.

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La estúpida moda del cine oscuro y “maduro”

Madre mía, pero si esto es el festival del color
¡Madre mía!, pero si esto es el festival del color.

Voy a ir al grano con el tema de hoy; estoy un poquito hasta las narices ya de la estúpida moda que está pasando la industria del cine desde hace unos años con las grandes producciones palomiteras. Me refiero a esas películas que se maquillan de “maduras”, adultas y complejas. Esas que oscurecen todos sus colores, ofrecen una fotografía plana y aburrida, y quieren que después digamos: «Vaya, qué profunda y reflexiva esta obra que acabo de ver. Qué intelectual, qué maravilla». Pues una mierda.

En serio, ¿qué está pasando? No dejo de verlo repetido una y otra vez y mis ojos ya están cansados. Hablo de películas de superhéroes, de remakes absurdos de cuentos infantiles, de reboots de personajes icónicos de la historia del cine o la literatura, de este tipo de cine juvenil o moderno que intenta ser lo que no puede ser, y de más, mucho más… Hablo de películas como Spiderman 3 (sí, la versión emo de Spidey de Sam Raimi), de Drácula, la leyenda jamás contada, de 4 Fantásticos, de Los Vengadores, de Capitán América, Thor, Cenicienta (2015), Maléfica, Los Juegos del Hambre, Divergente, Star TrekEl Hombre de Acero, Cincuenta sombras de Grey (obvio), Crepúsculo… ¿Pero qué cojones pasa? ¿A dónde vamos a llegar?

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Reescribir el final de las series

Reescribir el final de las series

Siempre al llegar al final de una etapa de nuestras vidas, solo quedan los buenos momentos, aquellos que por más tiempo que pase, jamás se olvidan.

Ángel G. Márquez Fiscal

Quiero que tengáis esta frase en cuenta a partir de hoy. Quiero que seáis conscientes de la existencia de este hecho. Sí, porque es cierto, cuando una etapa termina, nos quedamos con los buenos momentos. Siempre, pase lo que pase. Y menos mal, porque si no hiciésemos eso, no sé dónde acabaríamos…

Es muy bonito que nos quedemos con lo bueno, cierto. Pero si pasan cosas malas, por mucho que queramos recordar solo lo bueno, siempre nos quedará esa espinita clavada de malos momentos. Y esto, como todo en la vida, se puede aplicar a muchos ámbitos. Lo que quiero decir es que esta misma filosofía quiero aplicarla a las series. Sí, a las series de televisión. Soy tan aficionado a ellas como a ver buen cine. Me encantan; de cualquier género, duración, ambientación… Si es buena, quiero verla. Y ya puedo decir que he visto un puñado de muy buenas series hasta la fecha. Por suerte, la televisión está viviendo una edad de oro desde que se estrenara allá por el año 1999 la valorada Los Soprano. Desde entonces, montones de buenas series han ido yendo y viniendo.

Ha habido series muy buenas y series muy malas. Pero, ¿qué pasa con esas series que empiezan siendo bestiales, y terminan por perder el rumbo e irse a pique? Esa clase de serie de la que te enamoras, esa que apuntas en tu lista de favoritas, y con el paso del tiempo, de las temporadas, e incluso de su final, te das cuenta que ya no valen nada, que perdieron por completo su esencia y su calidad. Entonces reflexionas y crees que has perdido el tiempo. Y (al menos para mí), siempre se repite una sensación. Un pensamiento; «podían haber terminado justo aquí, y la serie hubiese sido una maravilla». ¡Exacto! Muchas de estas series se alargan indebidamente y se matan a sí mismas. Y siempre hay un punto exacto en el que deberían haber culminado. Hoy quiero repasar/analizar cuatro ejemplos de series que podrían haber sido gloriosas, y terminaron por suicidarse con torpeza ellas solitas (y tranquilos, esta entrada está libre de spoilers).

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The Big Bang Theory ya no mola

The Big Bang TheoryAdmitámoslo; The Big Bang Theory ha dejado de molar. Y además, desde hace tiempo… Aceptemos que la serie perdió su gracia hace ya unos cuantos años y que algunos como yo seguimos viéndola por lo que fue en su día, y no por lo que es hoy. Este es un tema del que tenía ganas de hablar. Sí, porque creo que no me equivoco. Creo que todos, si alguna vez habéis visto esta serie, estaréis en mi misma posición. Al menos si sois de los que habéis venido viendo todas las temporadas. Y sí, esta es una entrada para la gente que esté en mi posición. Si no ves la serie, no creo que te interese seguir leyendo.

No voy a molestarme en explicar de qué va The Big Bang Theory y quiénes son sus personajes. Voy a tener la osadía de seguir para adelante teniendo en cuenta que si sigues leyendo, es porque te interesa y porque estás viendo la serie o la has visto alguna vez. A lo que voy; The Big Bang Theory ya no mola. Esto es así. Ya está. No pasa nada por decirlo. Fue una serie muy buena en sus primeras temporadas, y ahora es una serie más del montón. Punto. A esto se reduce todo al fin y al cabo. Las series cambian a lo largo de los años, evolucionan, varían, algunas incluso van a mejor y otras, la gran mayoría, caen en una espiral sin fondo. Y esto le ha sucedido a Big Bang.

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La playa está sobrevalorada

Si fuese esta sí estaría valorada.
Si fuese esta sí estaría valorada.

Es julio. Hace calor, el sol siempre está a tope en el cielo y anochece más tarde de las diez de la noche. El verano es el verano. No puedo negarlo. Pero sí puedo negar una afirmación muy predicada en estos tiempos. Y es que la playa… joder, la playa está sobrevalorada. Siempre que llega el verano acabo pensando en esto, y tenéis que perdonadme pero necesito desahogarme de alguna manera.

Sí, no me gusta la playa (lo remarco por si hay algún despistado en la sala. ¿Qué sala, si esto es internet? Bueno, ¿te quieres callar tú y me dejas seguir con mis mierdas? Gracias). No me gusta por variados asuntos que expondré a continuación, pero creo que, sobre todo, no me gusta porque a los demás les gusta. Ya, ya sé que parece un argumento muy hipster. «Ay, tío, paso de ir a la playa, que ahora es muy mainstream». A ver, no digo que sea así. Pero en parte sí lo es. Tampoco me gustan muchas otras cosas que a casi todo el mundo parecen gustar. Siempre voy bastante a contracorriente (Já, já, tiene gracia. ¿Lo pillas? Contra-corriente. Corriente. Corriente en la playa. Por el oleaje y eso… Venga, ya cierro la puerta al salir. ¿Qué puerta? Si esto es internet, gilipollas). El caso es que casi que me causa cierta repulsión que a todos les flipe y que en cuanto hace una pizca de calor, veeenga, todos a la playa. Puaj… qué cansino.

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Me empachan los libros largos

libros_gordos_o_brevesTengo un problema. Más que un problema, es una molestia. Y más que una molestia, es una pequeña pereza. Y es que los libros largos me empachan. A ver, voy a explicarme. Llevo queriendo hablar sobre este asunto desde que terminé a principios de marzo El temor de un hombre sabio —segunda parte de la trilogía de Patrick Rothfuss; Crónica del Asesino de Reyes—, el libro más largo que he leído hasta ahora (1.190 páginas). No me quejo de su extensión. Tampoco me quejo del libro, porque me hizo disfrutar como un loco en toda su longitud y no me aburrió nunca. Peeeeero… no sé, hay algo. Algo entre tantas y tantas páginas que termina por agobiarme un pelín. Quizá a vosotros, como lectores, también os pase.

Puede que todo esto venga por el simple hecho de tener un libro tan enorme entre las manos. Lo lees durante tantos días y siempre ves que te queda un montón para acabarlo. Eso no me molesta precisamente si el libro me tiene enganchado. Como digo, no es que me incordie que un libro sea muy largo. Es simplemente una sensación diferente que nace desde muy dentro de forma arbitraria, una sensación que nadie llama, pero que ella solita sale a flote. Estoy hablando de la pereza. Y no, tampoco es que tenga pereza mientras leo dicho libro largo —al menos no si este me está entreteniendo—. Es una pereza previa al comienzo de la lectura. Es una pereza que nace antes, porque piensas cosas como: «Buff… voy a estar con este libro muuucho rato. No lo acabaré en una semana, no. Esto va a llevar su tiempo». De ahí que luego te debatas internamente el hecho de ponerse con ese libro o con uno más ligero que te ocupe menos tiempo. Porque una parte de ti sabe que, si te pones con ese largo, vas a acabar empachado.

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