Retoques y arreglos de fotografías antiguas

¡Hola, amigos!

Hoy me apetecía subir al blog un puñado de retoques fotográficos de los que estoy muy orgulloso. Como algunos ya sabréis, me gusta hacer cosillas en el Photoshop, y una de las muchas técnicas que aprendí estudiando preimpresión digital fue el tema de los arreglos y retoques de fotografías antiguas.

La verdad es que de todo lo aprendido en el ciclo estos fueron uno de los ejercicios más divertidos y desafiantes con los que me topé. He descubierto que me apasiona coger una foto estropeada por el paso del tiempo; con arrugas, defectos, manchas, lo que sea, y tratar de dejarla como nueva. Es un reto muy entretenido para mí. Y la sensación de lograr el objetivo y comparar el antes y el después me maravilla.

Hace unos meses mi madre me enseñó una fotografía de su padre (mi abuelo) que guardaba en la cartera, y que estaba ya muy maltratada. Al verla, se me ocurrió enseguida que podría escanearla y pasarle una capa de “pintura” nueva para intentar limpiar sus defectos y que quedase lo mejor posible.

Así que me puse manos a la obra, y el resultado es el siguiente:

Ya puestos a retocar fotos, nos pusimos a buscar otras y dimos con una de mi abuela, la madre de mi padre, que también estaba algo machacada. Con lo que, de nuevo, me animé a pulirla y el resultado final fue este:

Como veis, un trabajo minucioso. Este es un proceso que requiere de gran dedicación y bastantes horas, pues debe hacerse con mucho cuidado y a veces hay zonas de dichas fotografías que dan más problemas que otras. No siempre es fácil mantener la coherencia en los tejidos de la ropa, por ejemplo, o “crear” algo que ya no existe como es el caso de la corbata de la foto de mi abuelo. Pero al final, después de muuucha paciencia, los resultados son obvios. Tampoco creo que sean perfectos, sin embargo, me parece que lucen muy bien, y es una bonita manera de volver a tener una fotografía que se acerque a su estado de recién hecha (aunque haya truco, claro).

Durante las prácticas de clase hicimos muchos retoques y algunos de ellos me los guardé de recuerdo (llegamos incluso a dar color a fotografías en blanco y negro, pero estas desgraciadamente no las conservo). Así que para que veáis algunos ejemplos más de la magia del retoque fotográfico, os dejo una pequeña selección de varios trabajos.

Espero que os gusten. ¡Nos vemos!

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La épica de un Torneo Medieval | #HaiFeiraFranca 2016

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Como no podía ser de otra forma, este año he vuelto a repetir la emocionante experiencia de visitar la Feria Franca (o Feira Franca para nosotros) de Pontevedra. Espectáculos, exhibiciones, torneos, animales, comidas, disfraces de época, todo más y mejor para una fiesta que, de tantas actividades que propone y gente que acoge, ya se está pensando en ampliar de duración (y hasta consigue ser trending topic con #HaiFeiraFranca).

Pero, ¿y qué tal este año mi experiencia comparada con la euforia del año pasado? Bien, pues preparaos que aquí llega mi crónica (bastante movidita) cargada de momentos geniales. Demos un repaso…

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La euforia de un torneo épico medieval

La euforia de un torneo medieval
Fotografías de Cristina Saiz

Son cerca de las siete y media pasadas de la tarde. Es un día soleado de principios de septiembre y de vez en cuando sopla un agradable viento. Es la primera vez que visito más o menos en serio la Feria Franca de mi ciudad. Poseo algún recuerdo vago de mi infancia junto a mis padres, dando paseos por los recintos y calles, pero esto es diferente. Agarro de la mano a una chica muy especial y los dos nos sonreímos emocionados porque nos encaminamos a visualizar, con nuestros propios ojos en vivo y en directo, un torneo épico medieval de caballeros. Hemos estado dando unas cuantas vueltas viendo cómo la gente se ha disfrazado de época, hemos visto cómo algunos arqueros practicaban puntería, también a algunas niñas que calentaban músculos girando y danzando, nos hemos empapado del ambiente y, del olor, un olor a comidas y humo…

Pero van a ser las ocho de la tarde. Y a las ocho empieza el torneo. Insisto en que deberíamos ir con tiempo, porque preveo una avalancha de gente (y a mí no me gustan las avalanchas de gente). Así que echamos de nuevo a andar. De camino, más personas corretean calle abajo en manada. «Van a la plaza de toros», pienso con certeza. Apuramos el paso. Enseguida vemos la plaza al fondo, y dos colas considerables de gente amontonándose. Nunca he entrado en la plaza de toros de mi ciudad (ni falta que me ha hecho, pues el único buen uso que se le ha dado en toda su existencia sea, posiblemente, el del espectáculo que voy a ver en breves), así que estoy más nervioso que de costumbre por todo lo que está pasando a mi alrededor.

Nos colocamos en una de las colas (la que veo menos abarrotada). La multitud está entrando y en cierto momento hasta logro ver que dentro de la plaza ya hay mucha gente. Nos morimos de nervios. «¿Y si no entramos porque se llena antes de llegar a la puerta?» Comienzo a hacer bromas para calmar los nervios, pero ni así. «¿Te imaginas que sobrevuela Daenerys Targaryen la plaza de toros con uno de sus dragones? Eso sí que sería la hostia». Pasan los minutos. La cola avanza. Por fin parece que llegamos. Los guardias nos dan paso «¡Dios, sí!» Entramos en un pasillo claroscuro. La gente sube unas escaleras interiores. No tengo ni idea de a dónde ir, así que lo sensato parece seguir a la muchedumbre. Lo mejor es ese bullicio impresionante que resuena desde el interior de la plaza y se cuela por todas partes. Más de 7.000 gargantas vociferando de emoción.

Salir del pasillo a la claridad solar del palco de gradas me acelera el corazón. Allí hay más cuerpos y cabezas de las que puedo ver o contar. Gente, gente por todos lados. Busco con la mirada desesperada dos asientos libres, por algún lado tiene que haber… Finalmente, allí, en la lejanía. «Vamos, antes de que los coja cualquier otro. Sígueme». Llegamos. Por los pelos. Estoy tan nervioso que ni siquiera tengo la cortesía de preguntar si están o no ocupados. Da igual. Mataría por esos jodidos asientos. Casi son ya las ocho de la tarde. La plaza está a reventar de gente. Todos se mueren de ganas porque empiece. Algunos intentan crear una ola, y lo consiguen. Aparecen unos músicos sobre el terreno de la plaza que animan aún más el jolgorio. Y un poco más tarde, un bufón sale al trote en un caballo de palo, el espectáculo empieza. Voy a disfrutar como un niño de la hora que tengo por delante.

Los caballeros en una de las pruebas

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