Lluvia de verano

La elegancia del erizo es un libro de Muriel Barbery publicado en 2006 en Francia con muchísimo éxito, llegando a vender más de un millón de copias y manteniéndose treinta semanas en el número uno de ventas. Recientemente he tenido el gusto de poder leerlo, y durante el acto, me encontré con uno de esos pequeños fragmentos tan geniales que a veces nos dejan los libros por el camino (y ojo, porque tiene más). En realidad puede parecer una tontería, pero a mí me gustó mucho, por lo que me ha apetecido compartirlo aquí con vosotros en el blog. Además, así os doy a conocer la novela, la cual por supuesto os recomiendo. Muy entretenida y con algunas reflexiones sobre la vida de lo más curiosas.

Este extracto del libro que comparto, está sacado del capítulo titulado «Un nuevo corazón», y trata sobre la lluvia en verano y esas sensaciones que arrastra consigo cuando llega (supongo que a mí me llegó tanto porque en parte también lo veo como la autora, y porque la lluvia me encanta). Espero que lo disfrutéis.

Lluvia de veranoRecuerdo esa lluvia de verano.
Día tras día, recorremos nuestra vida como quien recorre un pasillo.
[…]
Y entonces, lluvia de verano. ¿Saben lo que es la lluvia de verano?
Primero la belleza pura horadando el cielo de verano, ese temor respetuoso que se apodera del corazón, sentirse uno tan irrisorio en el centro mismo de lo sublime, tan frágil y tan pleno de la majestuosidad de las cosas, atónito, cautivado, embelesado por la magnificencia del mundo.
Luego, recorrer un pasillo y, de pronto, penetrar en una cámara de luz. Otra dimensión, certezas recién formadas. El cuerpo deja de ser ganga, el espíritu habita las nubes, la fuerza del agua es suya, se anuncian días felices, en un renacer.
Después, como a veces el llanto, cuando es rotundo, fuerte y solidario, deja tras de sí un gran espacio lavado de discordias, la lluvia, en verano, barriendo el polvo inmóvil, crea en las almas de los seres una suerte de hálito sin fin.
Así, ciertas lluvias de verano se anclan en nosotros como un nuevo corazón que late al unísono del otro.

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Estático / Relato

Golconda - MagritteMirad, estoy quieto, ¿vale? El mundo parece estarlo conmigo en este preciso instante. Lo que quiero deciros, es que a veces es así. A veces hay que detenerlo todo un segundo. ¡Qué digo un segundo…! Mejor varios minutos. La aguja de mi tocadiscos imaginario está jugando a mi juego favorito. Nada de música. Y por favor, si vais a poner algo, que sea algo lento. Os lo digo en serio, paradlo todo. Paradlo hasta convertir vuestro mundo en una fotografía. Sí, en una fotografía. Si no sabéis de qué hablo es porque nunca os habéis parado a respirar ni a escuchar vuestras propias pulsaciones.

Uno… Dos… Tres… Respirad. Con los ojos cerrados podréis sentirlo mucho más. Mirad, no sé mucho de la vida y tampoco pretendo enseñaros nada a vosotros, que me miráis con esos ojos tan grandes y acusadores, pero quiero que os relajéis. Si no lo hacéis o no tenéis ningún interés en hacerlo ya podéis volver por donde habéis venido. Vale… Muy bien. Seguís aquí.

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