Reflexión | Las mentiras que les contamos a los niños

RegalosOs quiero contar una curiosa historia que sucedió hace bastantes años, cuando yo tenía unos cuatro o cinco inviernos a mis espaldas. Es una historia navideña, pero ya os aviso que no tiene un final feliz. Ocurrió, como digo, durante un invierno. Veréis, mis padres nunca se habían (ni se han) caracterizado por ser especialmente habilidosos o discretos a la hora de comprar los regalos de Navidad. Quizás hay gente que no sabe o no conoce el arte de la discreción para estas cosas, sea como fuere, ellos no lo ocultaban muy bien. Quiero decir, yo en aquella época era un niño inocente todavía que creía en magia y en Papá Noel y en Los Reyes Magos y ellos la verdad es que no ponían mucho empeño en mantener la ilusión a flote. Recuerdo que hablaban casi abiertamente acerca de los regalos, de cuándo tenían que ponerlos bajo el árbol, o temas así, sin ser muy reservados. Hablando con ese tono pícaro en la voz ante mí, susurrando o chismorreando medio a escondidas, como si el niño no fuese a darse cuenta. Como si el niño fuese aún muy tonto para fijarse.

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