La épica de un Torneo Medieval | #HaiFeiraFranca 2016

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Como no podía ser de otra forma, este año he vuelto a repetir la emocionante experiencia de visitar la Feria Franca (o Feira Franca para nosotros) de Pontevedra. Espectáculos, exhibiciones, torneos, animales, comidas, disfraces de época, todo más y mejor para una fiesta que, de tantas actividades que propone y gente que acoge, ya se está pensando en ampliar de duración (y hasta consigue ser trending topic con #HaiFeiraFranca).

Pero, ¿y qué tal este año mi experiencia comparada con la euforia del año pasado? Bien, pues preparaos que aquí llega mi crónica (bastante movidita) cargada de momentos geniales. Demos un repaso…

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Muertes de actores que me trastocaron profundamente

Muertes de actores que me trastocaron profundamente

Con la desafortunada muerte del joven actor Anton Yelchin hace unas pocas semanas (y la del también actor Bud Spencer) ya sumamos a este año 2016 una lista bastante, bastante, movida (recordemos también a Alan Rickman o David Bowie). Estos tristes fallecimientos siempre me traen a la memoria otras muertes de actores que me trastocaron de alguna manera, ya sea por sus papeles en la ficción, por su propia figura como persona, o por la admiración que sentía hacia ellos…

Hoy quisiera repasar con vosotros algunas muertes de actores que en su día me sorprendieron e hicieron mella en mí. Como siempre, os animo a participar en la sección de comentarios igualmente hablando de vuestros casos personales, para recordar con cariño a esas personas que tantos buenos ratos nos regalaron en vida (podéis comentar acerca de famosos de cualquier disciplina).

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No me gusta The Walking Dead (o ¿por qué dejé de ver la serie?)

No me gusta The Walking Dead (o por qué dejé de ver la serie)

Hace aproximadamente un año y medio que dejé de ver The Walking Dead, la más que famosa serie de zombies de AMC, la cual, obviamente ya sabéis, es una adaptación del comic original (con todo lo que esa palabra engloba). No soy lector del comic ni fanático del género zombie (aunque sí es cierto que ha habido cosas sobre ellos que me han gustado, por ejemplo: 28 días después, de la que hablé aquí, o Bienvenidos a Zombieland y Shaun of the Dead). Pero en general es un tema que no me apasiona demasiado.

No obstante, cuando se estrenó The Walking Dead, allá por 2010, me llamó la atención. Hasta el momento no se habían hecho grandes series sobre zombies y eso podía aportar un punto de vista diferente al de las típicas películas. Se podía ahondar en los personajes mucho más y no tanto en el “mata-mata” de cuerpos putrefactos. Además, la premisa era en gran medida esa. Se decía que The Walking Dead era en realidad una serie sobre personajes y no sobre zombies.

Pero… sea como fuere, estamos en 2016 y, de nuevo, hace más de un año que he dejado de ver The Walking Dead. ¿Que por qué?

Os lo voy a contar…

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La euforia de un torneo épico medieval

La euforia de un torneo medieval
Fotografías de Cristina Saiz

Son cerca de las siete y media pasadas de la tarde. Es un día soleado de principios de septiembre y de vez en cuando sopla un agradable viento. Es la primera vez que visito más o menos en serio la Feria Franca de mi ciudad. Poseo algún recuerdo vago de mi infancia junto a mis padres, dando paseos por los recintos y calles, pero esto es diferente. Agarro de la mano a una chica muy especial y los dos nos sonreímos emocionados porque nos encaminamos a visualizar, con nuestros propios ojos en vivo y en directo, un torneo épico medieval de caballeros. Hemos estado dando unas cuantas vueltas viendo cómo la gente se ha disfrazado de época, hemos visto cómo algunos arqueros practicaban puntería, también a algunas niñas que calentaban músculos girando y danzando, nos hemos empapado del ambiente y, del olor, un olor a comidas y humo…

Pero van a ser las ocho de la tarde. Y a las ocho empieza el torneo. Insisto en que deberíamos ir con tiempo, porque preveo una avalancha de gente (y a mí no me gustan las avalanchas de gente). Así que echamos de nuevo a andar. De camino, más personas corretean calle abajo en manada. «Van a la plaza de toros», pienso con certeza. Apuramos el paso. Enseguida vemos la plaza al fondo, y dos colas considerables de gente amontonándose. Nunca he entrado en la plaza de toros de mi ciudad (ni falta que me ha hecho, pues el único buen uso que se le ha dado en toda su existencia sea, posiblemente, el del espectáculo que voy a ver en breves), así que estoy más nervioso que de costumbre por todo lo que está pasando a mi alrededor.

Nos colocamos en una de las colas (la que veo menos abarrotada). La multitud está entrando y en cierto momento hasta logro ver que dentro de la plaza ya hay mucha gente. Nos morimos de nervios. «¿Y si no entramos porque se llena antes de llegar a la puerta?» Comienzo a hacer bromas para calmar los nervios, pero ni así. «¿Te imaginas que sobrevuela Daenerys Targaryen la plaza de toros con uno de sus dragones? Eso sí que sería la hostia». Pasan los minutos. La cola avanza. Por fin parece que llegamos. Los guardias nos dan paso «¡Dios, sí!» Entramos en un pasillo claroscuro. La gente sube unas escaleras interiores. No tengo ni idea de a dónde ir, así que lo sensato parece seguir a la muchedumbre. Lo mejor es ese bullicio impresionante que resuena desde el interior de la plaza y se cuela por todas partes. Más de 7.000 gargantas vociferando de emoción.

Salir del pasillo a la claridad solar del palco de gradas me acelera el corazón. Allí hay más cuerpos y cabezas de las que puedo ver o contar. Gente, gente por todos lados. Busco con la mirada desesperada dos asientos libres, por algún lado tiene que haber… Finalmente, allí, en la lejanía. «Vamos, antes de que los coja cualquier otro. Sígueme». Llegamos. Por los pelos. Estoy tan nervioso que ni siquiera tengo la cortesía de preguntar si están o no ocupados. Da igual. Mataría por esos jodidos asientos. Casi son ya las ocho de la tarde. La plaza está a reventar de gente. Todos se mueren de ganas porque empiece. Algunos intentan crear una ola, y lo consiguen. Aparecen unos músicos sobre el terreno de la plaza que animan aún más el jolgorio. Y un poco más tarde, un bufón sale al trote en un caballo de palo, el espectáculo empieza. Voy a disfrutar como un niño de la hora que tengo por delante.

Los caballeros en una de las pruebas

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