Frustraciones videojueguiles (I)

Frustraciones videojueguiles (I)

Hoy quiero empezar una especie de sección en el blog. La llamo sección porque, como habréis deducido por el título de la entrada, es un tema que iré dividiendo en partes, aunque todas tratarán sobre un mismo fin; las frustraciones videojueguiles. Llevo casi toda mi vida jugando a videojuegos y cualquiera que también los haya jugado durante varios años, cualquiera que haya sido un apasionado de este hobby, sabrá que siempre, inevitablemente, suceden frustraciones por el camino. No hablo solo de momentos de rabia en los que te dan ganas de estampar el mando contra la televisión o tirar la consola o el PC por la ventana, hablo también de esas pequeñas espinas que se nos clavan con el tiempo por diferentes motivos; «nunca llegué a jugar ese juego», «jamás me pasé a ese jefe», «se me borró la partida justo antes del final», etcétera…

Y como me gustaría empezar por una de mis mayores frustraciones, es hora de que cuente mi historia con ese juego que, durante largos años, me atrapó misteriosamente. Ese juego que es por muchos considerado el más inquietante de Nintento. Estoy hablando, por supuesto, de The Legend of Zelda: Majora´s Mask (y oye, qué mejor que leer este artículo con un poco de su impecable y maravillosa banda sonora).


Mi tragedia con Majora´s Mask

tragedia.

(del lat. tragoedĭa, y este del gr. τραγῳδία)

1. Tener un fin desgraciado.

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