GOD OF WAR | Un viaje… de la brutalidad a la madurez

God of War parecía haber muerto en 2013 cuando salió al mercado la última entrega hasta ese momento de las aventuras de Kratos. No parecía haber mucho más que contar del atormentado fantasma de esparta que, con los años, se había convertido en uno de los mayores y más queridos baluartes de PlayStation. Sin embargo, Santa Mónica Studio estaba llevando a cabo en secreto una reinvención que, en 2016, se reveló como una especie de reboot de la franquicia.

Ahora, dos años más tarde, tenemos entre manos una auténtica obra maestra que ante todo pronóstico ha llegado para dar un golpe sobre la mesa. Kratos ha evolucionado, ¡y menuda evolución! Tras haber tenido el placer de jugarlo, y como amante de la saga que soy, he querido dedicarle un vídeo a esta bestia, a esta joya en bruto que es el nuevo God of War. Creo que la ocasión lo merecía, y tenía muchas ganas de hacerlo. Así que, espero que disfrutéis de esta reseña/opinión/ensayo sobre las nuevas aventuras por tierras nórdicas de Kratos, y su hijo, Atreus.

[GOD OF WAR]
– Un viaje… de la brutalidad a la madurez –


¿Habéis jugado al nuevo God of War?
¿Qué os parece?

La belleza en The Witcher 3: Wild Hunt

Ciri - The Witcher 3Hacía mucho tiempo que un juego no me enamoraba tanto con su belleza. Largo tiempo ha pasado desde la última vez, pues el último en ocupar este preciado lugar en mi corazón lo jugué hace ya cinco años. Sí, mucho tiempo ha pasado desde que Rockstar me enamoró con Red Dead Redemption. Y ahora, después de tanto, ha llegado CD Projekt RED con The Witcher 3: Wild Hunt para encontrar su hueco en mi memoria. Tras dos semanas y media de viaje con él, no puedo más que afirmar que lo han encontrado pero bien.

Para entender la belleza en el mundo de los videojuegos hay que estar hecho de algo especial. No todos pueden verla, y mucho menos, crearla. Por eso juegos así no abundan. Pocos juegos me han marcado en mi vida como para pegarse en mi recuerdo para el resto de ella. Si echo la vista atrás hoy día, quizá me encuentro con clásicos como Banjo-Kazooie, de la mítica Nintendo 64. Un poco menos lejos en el tiempo puede que también esté The Legend of Zelda: Wind Waker. Pero es posible que con ellos jueguen los factores de la nostalgia y la inocencia de la infancia. Sin embargo, cuando he ido creciendo, y mi etapa con los videojuegos se ha hecho más madura para poder así comprender lo que aparecía ante mis ojos, me he ido dando cuenta de esa belleza que muy pocos juegos pueden transmitir. Más allá de la mecánica, del entretenimiento, del juego en sí mismo…

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