¡Estreno de la webserie La última piedra!

Este abril de 2017 es un mes muy especial. ¡Se estrena por fin la webserie La última piedra!

«A lo largo de nuestra senda, la última piedra, aquella que nos molesta,
se convertirá en la pieza final de nuestro muro particular».

Este es un proyecto muy especial por varias razones. Primero, para empezar, porque es una serie dirigida por mi hermano, Adrián González (Gliese Audiovisual), creada codo con codo con Tamara Andrés. Segundo, porque yo mismo he tenido el placer de colaborar durante su rodaje. Y tercero, pero no menos importante, porque La última piedra es un proyecto nacido de la ilusión de muchas personas, que por fin ha visto la luz después de meses y meses de trabajo.

Dejadme que os explique un poco más porqué este mes de abril es tan especial…

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La épica de un Torneo Medieval | #HaiFeiraFranca 2016

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Como no podía ser de otra forma, este año he vuelto a repetir la emocionante experiencia de visitar la Feria Franca (o Feira Franca para nosotros) de Pontevedra. Espectáculos, exhibiciones, torneos, animales, comidas, disfraces de época, todo más y mejor para una fiesta que, de tantas actividades que propone y gente que acoge, ya se está pensando en ampliar de duración (y hasta consigue ser trending topic con #HaiFeiraFranca).

Pero, ¿y qué tal este año mi experiencia comparada con la euforia del año pasado? Bien, pues preparaos que aquí llega mi crónica (bastante movidita) cargada de momentos geniales. Demos un repaso…

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La euforia de un torneo épico medieval

La euforia de un torneo medieval
Fotografías de Cristina Saiz

Son cerca de las siete y media pasadas de la tarde. Es un día soleado de principios de septiembre y de vez en cuando sopla un agradable viento. Es la primera vez que visito más o menos en serio la Feria Franca de mi ciudad. Poseo algún recuerdo vago de mi infancia junto a mis padres, dando paseos por los recintos y calles, pero esto es diferente. Agarro de la mano a una chica muy especial y los dos nos sonreímos emocionados porque nos encaminamos a visualizar, con nuestros propios ojos en vivo y en directo, un torneo épico medieval de caballeros. Hemos estado dando unas cuantas vueltas viendo cómo la gente se ha disfrazado de época, hemos visto cómo algunos arqueros practicaban puntería, también a algunas niñas que calentaban músculos girando y danzando, nos hemos empapado del ambiente y, del olor, un olor a comidas y humo…

Pero van a ser las ocho de la tarde. Y a las ocho empieza el torneo. Insisto en que deberíamos ir con tiempo, porque preveo una avalancha de gente (y a mí no me gustan las avalanchas de gente). Así que echamos de nuevo a andar. De camino, más personas corretean calle abajo en manada. «Van a la plaza de toros», pienso con certeza. Apuramos el paso. Enseguida vemos la plaza al fondo, y dos colas considerables de gente amontonándose. Nunca he entrado en la plaza de toros de mi ciudad (ni falta que me ha hecho, pues el único buen uso que se le ha dado en toda su existencia sea, posiblemente, el del espectáculo que voy a ver en breves), así que estoy más nervioso que de costumbre por todo lo que está pasando a mi alrededor.

Nos colocamos en una de las colas (la que veo menos abarrotada). La multitud está entrando y en cierto momento hasta logro ver que dentro de la plaza ya hay mucha gente. Nos morimos de nervios. «¿Y si no entramos porque se llena antes de llegar a la puerta?» Comienzo a hacer bromas para calmar los nervios, pero ni así. «¿Te imaginas que sobrevuela Daenerys Targaryen la plaza de toros con uno de sus dragones? Eso sí que sería la hostia». Pasan los minutos. La cola avanza. Por fin parece que llegamos. Los guardias nos dan paso «¡Dios, sí!» Entramos en un pasillo claroscuro. La gente sube unas escaleras interiores. No tengo ni idea de a dónde ir, así que lo sensato parece seguir a la muchedumbre. Lo mejor es ese bullicio impresionante que resuena desde el interior de la plaza y se cuela por todas partes. Más de 7.000 gargantas vociferando de emoción.

Salir del pasillo a la claridad solar del palco de gradas me acelera el corazón. Allí hay más cuerpos y cabezas de las que puedo ver o contar. Gente, gente por todos lados. Busco con la mirada desesperada dos asientos libres, por algún lado tiene que haber… Finalmente, allí, en la lejanía. «Vamos, antes de que los coja cualquier otro. Sígueme». Llegamos. Por los pelos. Estoy tan nervioso que ni siquiera tengo la cortesía de preguntar si están o no ocupados. Da igual. Mataría por esos jodidos asientos. Casi son ya las ocho de la tarde. La plaza está a reventar de gente. Todos se mueren de ganas porque empiece. Algunos intentan crear una ola, y lo consiguen. Aparecen unos músicos sobre el terreno de la plaza que animan aún más el jolgorio. Y un poco más tarde, un bufón sale al trote en un caballo de palo, el espectáculo empieza. Voy a disfrutar como un niño de la hora que tengo por delante.

Los caballeros en una de las pruebas

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Tiempos olvidados / Cortometraje

¿Qué harías cuando ya no queda nada, cuando se borra el sabor de lo dulce, cuando ya no se escuchan risas de niños, cuando desaparecen las historias, cuando todo se torna oscuro y todo se evapora, incluso las nubes…?

La vida a veces se corta, se resquebraja, y muchas veces el tiempo, con sus caprichos, es quien rompe esa línea. La vida a veces se oscurece, se apaga, se funde a negro más temprano de lo que esperamos. Pero siempre quedan los recuerdos. O mejor a veces.

Si los tuyos se desvanecieran, ¿en qué cueva te refugiarías?

Tiempos olvidados

Esta es la sinopsis de Tiempos olvidados, cortometraje ideado por la escritora Tamara Andrés (Amentalista, 2015), y dirigido por mi hermano, Adrián González. Hoy, mi intención, es haceros llegar esta pequeña pieza si es que todavía no la conocéis. Como yo no quería faltar a la cita, metí las narices en todo este asunto y al final los diseños publicitarios del corto son cosecha propia. Además también puedo afirmar con orgullo que ayudé durante un par de días de rodaje como Script (ganándome un preciado lugar en los créditos, jéh).

La idea de Tiempos olvidados surgió ya hace casi un año, cuando Tamara escribió la historia. Mi hermano por su parte, es un apasionado en esto de grabar cosas y, además, ha terminado hace nada sus estudios de producción audiovisual. Por si fuera poco, creó Gliese Audiovisual, un espacio propio en el que cubrir proyectos, así que el verano de 2014 parecía el momento perfecto para plasmar la idea de Tamara con una cámara. Después de que lo planeasen mucho, y tras conseguir estupendos actores (Miguel Condal y María Carrera, actores de Pinga Teatro) y localizaciones, se pusieron manos a la obra. Como dije antes, yo conseguí colarme por ahí para echar una mano. El corto fue rodado en diferentes lugares de los alrededores de Pontevedra, y poco a poco lo han ido presentado por la zona; Vigo, Bueu, Santiago de Compostela, la propia Pontevedra…

Ahora, después de casi un año, por fin está disponible en internet para disfrute de todos. Y claro, me he visto en la obligación de publicarlo en el blog. Son apenas 6 minutos que os pasarán fugaces como pasan a veces las horas en nuestra vida. Una bonita historia que os hará reflexionar sobre nuestra fragilidad y lo mucho que hay que disfrutar plenamente del tiempo que poseemos. Sin más, espero que os guste. Y por supuesto, que lo compartáis con la gente que queréis. Merece la pena.